domingo, 15 de marzo de 2026

Jesús, su nacimiento virginal y su divinidad, Breves notas sobe Lucas

 

Jesús, su nacimiento virginal y su divinidad

Entrada 3

Por Guillermo A. Domínguez

En la segunda entrada sobre Lucas 1, dejamos a Elizabet, parienta de María, recogida por cinco meses en su casa.  El 1:26 nos presenta que a los seis meses de embrazo de Elizabet, el ángel Gabriel, el mismo ángel que se apareció al sacerdote Zacarías, padre de Juan el bautista, el mismo ángel que hacia mediados del siglo sexto a.C., se había aparecido a Daniel el profeta, ahora, irrumpe nuevamente en la historia de la salvación siendo portador de la buena noticia de parte de Dios a la joven virgen María:  En ella se gestaría el Hijo de Dios.   Parte de lo extraordinario de esta sección es la base para la teología de la encarnación del Verbo de Dios, y el nacimiento virginal.   No hubo intervención de hombre para la fertilización del óvulo maduro de María.   El Verbo de Dios, Espíritu puro, energía pura, se materializaría como esperma para fertilizar el óvulo de María e iniciar el proceso de la mitosis.   ¿No puede acaso Dios trasformar la energía en materia, y la materia en energía?   Dios no hizo lo que se ve de la nada, sino que dice: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”   No dice que de la nada, sino de lo que no se veía.   Einstein se atrevió a formularlo en la ley de la conservación de conservación de la energía.  

Ante el asombro de María, el ángel le dice: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.   Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo….  María que no había tenido relaciones sexuales con ningún varón pregunta cómo puede ser posible esto?  La respuesta del ángel:  “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”.   En todas estas palabras está basada la doctrina del nacimiento virginal y la divinidad de Jesús.   O se acepta cual está escrito con todas las implicaciones teológicas o simplemente se rechaza y no se cree en ello.   Dios no dejará de ser menos Dios ni mas Dios si aceptamos o no lo escrito tan solo en esta sección.   Aquí lo interesante son las implicaciones de cada frase.   Ella es virgen, ningún hombre la ha tocado, pero aún así Dios decide que ella quedará embarazada.   ¿Cómo?  La sombra del Altísimo vendrá sobre ella y le cubrirá.   Juan dice que el Verbo se hizo carne.  Ni siquiera dice que tomó carne, sino que se hizo carne.   El Espíritu divino, el Logos o palabra creadora, parte del ser de Dios, su esencia divina, se haría carne en el útero de María, en su óvulo maduro, el cual una vez se ser divino se cristalizara en materia (esperma divino), el óvulo quedó fecundado por la energía del ser divino.  El Verbo era ya, desde ese momento, carne, participante de la naturaleza humana a través de María, y participante por naturaleza del ser divino por cuanto divino, pero ahora encarnado.  Ese ser n gestación humana, solo le faltaba nacer como humano, y nació.  Y tan cual lo afirmó Mateo Flecha el viejo en su “Riu riu chiu”, Lo divino e infinito se hizo finito para hacernos “infinitos” (inmortales) y participantes de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4).  

El Silencio roto. Breves notas sobre Lucas

 Entrada 2

El silencio roto.

Por Guillermo A. Domínguez

Cuatrocientos años aproximadamente habían transcurrido desde que Dios había hablado por última vez al pueblo a través de un profeta o visión, desde la última vez que lo hizo a través del profeta Malaquías, quien se enfrentaría a la apatía, frialdad y descuido de la fe por parte del pueblo judío y sus líderes religiosos luego del exilio, ya una vez construido el segundo Templo.   La nación judía del postexilio pasaría por mucha historia en todo ese lapsus hasta la aparición de Jesús en la historia.   Y es precisamente aquí, poco antes de su nacimiento, cuando Dios irrumpe nuevamente con su voz en la historia, y habla por primera vez después de esos cuatrocientos años, ahora a través de un sacerdote llamado Zacarías quien en turno de ministración en Templo, una vez dentro del lugar santo, el silencio de Dios es roto a través de su ángel, Gabriel, quien le notifica que él y su mujer, tendrán un hijo, cuya misión es preparar el corazón del pueblo para la llegada del Señor (Mesías Jesús).   El ángel designa el nombre del niño que nacerá: Juan, el cual será lleno del Espíritu Santo desde su nacimiento, e irá delante del Señor con el espíritu y poder de Elías.   Con este acontecimiento, el silencio de cuatrocientos años había sido roto.   Dios había reiniciado la cuenta regresiva, el principio del fin para Israel, y el inicio de una nueva era dentro de su plan salvífico, ya no con Israel como pueblo exclusivo y representante de su reino en la tierra, sino con un nuevo pueblo llamado: la Iglesia.  Los “posteros tiempos” habían iniciado con el fin del silencio de Dios a través del mensaje de su ángel.   Solo faltaba que su palabra creadora, su Logos se hiciera carne, no si antes, viniese primero “el Elías” en su antitipo Juan, preparando el corazón del pueblo con su predicación acerca de la llegada del Reino de Dios y la invitación al pueblo al arrepentimiento.   El mensaje de Juan fue de esperanza para los humildes de corazón que oyeron su mensaje y fueron bautizados, pero de juicio para el pueblo de Israel como nación.   Su fin era inminente, el hacha ya estaba puesta, la suerte ya estaba echada sobre Israel como nación, su inminente fin se acercaba.   Con la llegada de Juan, Dios quiso salvar a cuantos más pudieran oírle y obedecerle a través de su profeta Juan, el mensaje de Jesús y sus discípulos.   El silencio roto de Dios se tradujo en esperanza de salvación sobre los humildes y marginados y de juicio sobre la rebelde Judá.       Jesús mismo lo declaró en su  parábola de la viña y lavadores malvados:  el reino será quitado de vosotros y dado a gente que produzca los frutos del reino.   Esta nueva gente se tradujo en la iglesia.   Con Jesús, la revelación de Dios se cristalizó en sus palabras, ministerio y su persona.  Dios habló de muchas veces a los padres a través de los profetas, pero en estos últimos días nos ha hablado a través de su Hijo.   Dios continúa hablando al hombre cada vez que su palabra es leída, cada vez que su mensaje es predicado, cada vez que se amanece en un nuevo día, la voz de Dios habla a la criatura caída con su llamado apostólico: ven y sígueme.  

El Evangelio de Lucas, Breves Notas sob Lucas, Entrada 1

 El Evangelio de Lucas, Breves Notas

Entrada 1

Por Guillermo A. Dominguez

El Evangelio de Lucas habría sido redactado hacia inicio de la década del 60 del primer siglo.  Aunque Lucas  no habría conocido a Jesús en su ministerio, afirma haber indagado diligentemente todo lo concerniente a su vida y ministerio.  

El documento va dirigido a un tal Teófilo, a quien quiere demostrar con lucidez, lo inofensivo que es el movimiento del nazareno e inducirlo a creer en él, así como la garantía histórica de la enseñanza iniciada hacía treinta años atrás y preservada con integridad (J. A. Fitzmyer, El Evangelio según Lucas). La frase honorífica: “¡oh! Excelentísimo Teófilo”, -usada para el destinatario tanto al inicio del Evangelio de Lucas, como al inicio del libro de Hechos de los Apóstoles-, indicaría que el documento es dirigido a un alto dignatario del imperio romano, frase también dirigida al gobernador Félix en Hechos 24:3.   La redacción del texto, a diferencia del de Mateo, carece de la saturación referencial a la Ley de Moisés, lo cual caracteriza a Mateo, lo cual indicaría que la audiencia de Lucas es gentil y no judía.  

La referencia a Teófilo tanto al inicio del Evangelio de Lucas y el libro de Hechos, indicaría que es una obra en dos volúmenes y con un mismo ideario: el inicio del movimiento cristiano con la persona y ministerio de Jesús, su muerte y resurrección (Primer Volumen: Evangelio de Lucas) y el inicio, desarrollo y expansión de este movimiento, treinta años después.   Lo que inició con un Maestro y doce hombres, se cristalizó en tres mil personas, luego cuatro mil, cinco mil y en expansión  (Segundo volumen de la obra: Hechos de los Apóstoles).   Significativo para esto será, como observa Pablo Sanabria, la referencia lucana sobre el dicho de Gamaliel sobre el recién iniciado movimiento cristiano: “…porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis dstruir; …”,  y la referencia al final de lucas, treinta años después de ese dicho de Gamaliel: “Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.  El Evangelio que presenta Lucas, es un movimiento iniciado 30 años atrás e indetenible, un movimiento de Dios y no de los hombres. 

Así pues, el Evangelio de Lucas es el primero de dos volúmenes: Lucas-Hechos.  La idea motriz de Lucas será -como dirá Gerardo Sánchez Mielgo-: presentar a Jesús como Salvador y Señor universal.   A diferencia del ideario judío de un Dios nacional, el evangelio presenta a Dios en Jesús como Señor del cosmos, el Dios y soter universal.  No es el César el Señor, sino, solo Jesús.

Lucas presentará, en el lenguaje de N.T. Wright, los elementos atmosféricos en medio de los que Jesús de Nazareth aparecería en la historia salvífica, por una parte, el radicalismo religioso, ideario salvífico mal expuesto y mal entendido por el pueblo de Israel representado en sus líderes religiosos: sanedrín, sacerdotes, saduceos y fariseos, y el lado opuesto representado por el imperio romano.    Los elementos estaban dispuestos para crear la tormenta perfecta, la cual al final se desató.