Jesús, su nacimiento virginal y su divinidad
Por
Guillermo A. Domínguez
En la
segunda entrada sobre Lucas 1, dejamos a Elizabet, parienta de María, recogida
por cinco meses en su casa. El 1:26 nos
presenta que a los seis meses de embrazo de Elizabet, el ángel Gabriel, el
mismo ángel que se apareció al sacerdote Zacarías, padre de Juan el bautista,
el mismo ángel que hacia mediados del siglo sexto a.C., se había aparecido a
Daniel el profeta, ahora, irrumpe nuevamente en la historia de la salvación siendo
portador de la buena noticia de parte de Dios a la joven virgen María: En ella se gestaría el Hijo de Dios. Parte de lo extraordinario de esta sección
es la base para la teología de la encarnación del Verbo de Dios, y el nacimiento
virginal. No hubo intervención de
hombre para la fertilización del óvulo maduro de María. El Verbo de Dios, Espíritu puro, energía pura,
se materializaría como esperma para fertilizar el óvulo de María e iniciar el
proceso de la mitosis. ¿No puede acaso
Dios trasformar la energía en materia, y la materia en energía? Dios no hizo lo que se ve de la nada, sino que
dice: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de
Dios, de modo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” No dice que de la nada, sino de lo que no se
veía. Einstein se atrevió a formularlo
en la ley de la conservación de conservación de la energía.
Ante el
asombro de María, el ángel le dice: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás
a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.
Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo…. María que no había tenido relaciones sexuales
con ningún varón pregunta cómo puede ser posible esto? La respuesta del ángel: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder
del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo ser que
nacerá, será llamado Hijo de Dios”. En
todas estas palabras está basada la doctrina del nacimiento virginal y la
divinidad de Jesús. O se acepta cual
está escrito con todas las implicaciones teológicas o simplemente se rechaza y
no se cree en ello. Dios no dejará de
ser menos Dios ni mas Dios si aceptamos o no lo escrito tan solo en esta
sección. Aquí lo interesante son las
implicaciones de cada frase. Ella es virgen,
ningún hombre la ha tocado, pero aún así Dios decide que ella quedará
embarazada. ¿Cómo? La sombra del Altísimo vendrá sobre ella y le
cubrirá. Juan dice que el Verbo se hizo
carne. Ni siquiera dice que tomó carne,
sino que se hizo carne. El Espíritu divino,
el Logos o palabra creadora, parte del ser de Dios, su esencia divina, se haría
carne en el útero de María, en su óvulo maduro, el cual una vez se ser divino
se cristalizara en materia (esperma divino), el óvulo quedó fecundado por la energía
del ser divino. El Verbo era ya, desde ese
momento, carne, participante de la naturaleza humana a través de María, y
participante por naturaleza del ser divino por cuanto divino, pero ahora encarnado. Ese ser n gestación humana, solo le faltaba
nacer como humano, y nació. Y tan cual
lo afirmó Mateo Flecha el viejo en su “Riu riu chiu”, Lo divino e infinito se hizo
finito para hacernos “infinitos” (inmortales) y participantes de la naturaleza
divina (2 Pedro 1:4).
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