miércoles, 25 de marzo de 2026

Esteban y Felipe, su ministerio en la palabra. Hechos 7

 Esteban y Felipe, su ministerio en la palabra. 

Hechos 7

Por Guillermo Antonio Domínguez Sánchez









Ser diacono no fue un límite, fue el punto de partida. Esteban y Felipe el evangelista demostraron que el verdadero ministerio no depende del cargo, sino del dominio de la Palabra y la fidelidad al llamado. 

Antes de destacar por su poderosa predicación, Esteban fue elegido por Dios para ser diacono y fue reconocido en la Iglesia por su servicio, el cual estaba enfocado principalmente en la distribución diaria de los alimentos y atención a las viudas, especialmente a las griegas que estaban siendo desatendidas y con esto apoyaba a los apóstoles a que se dedicaran a la oración y enseñanza. 

El momento más alto del ministerio de esteban no ocurrió en el servicio cotidiano, sino frente a quienes buscaban condenarlo. En Hechos capitulo 7, su discurso final revela no solo valentía, sino una maestría impresionante en la Palabra; una exposición clara, estructurada y confrontativa que transformo su juicio en una proclamación poderosa de la verdad. 

Lejos de dar una respuesta breve o defensiva, Esteban construye un recorrido completo y cronológico por la historia del pueblo de Israel para evidenciar un patrón constante de rebeldía hacia Dios. Esta manera de organizar su discurso demuestra el nivel de conocimiento y capacidad para enseñar con propósito, ya que no solo recuerda los hechos, sino que los interpreta y le da un sentido espiritual contextualizado a su presente. Su intervención refleja su dominio de las Escrituras y una autoridad que transforma su enseñanza en una advertencia directa. 

Esteban no fue el único que llevo su ministerio más allá del servicio. De manera similar, Felipe el Evangelista que el ministerio de diacono podía expandirse hacia una proclamación más activa y efectiva de la palabra. El ministerio de Felipe, aunque inicia como diacono adquiere mayor relevancia tras la persecución que siguió después de la muerte de Esteban, momento en el cual comienza a destacarse como un proclamador activo y eficaz de la Palabra fuera de Jerusalén. 

A diferencia de un servicio limitado al ámbito interno de la iglesia, Felipe lleva el mensaje a Samaria, donde su predicación fue acompañada de señales y milagros. Su enseñanza no era superficial, estaba centrada en Cristo, logrando que muchos creyeran y se produjera un impacto significativo en la región. 

Este mismo dominio se refleja en el encuentro con el eunuco etíope en el capitulo 8 de Hechos, donde Felipe demuestra su capacidad precisa para interpretar y explicar las Escrituras. Partiendo del libro del profeta Isaías, identifica correctamente su sentido y lo conecta a la persona de Jesús.

Además, no se limita a explicar, inicia desde el punto de entendimiento del eunuco, adaptando su enseñanza de manera clara obteniendo resultados inmediatos con la decisión de bautismo por parte del eunuco, evidenciando la eficacia de una enseñanza bien fundamentada y dirigida. 

Las vidas de Esteban y Felipe el Evangelista muestran que el servicio no es un límite, sino el inicio de un mayor desarrollo, ya que ambos multiplicaron los dones que les fueron confiados, en concordancia con la enseñanza de Jesucristo en la parábola de los talentos, demostrando que el creyente esta llamado a hacer crecer lo recibido y no dejarlo sin frutos.


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