El mensaje
de Juan el Bautista, Juicio contra Israel.
Entrada 2,
Lucas 3. Marzo 22 de 2026
Por: Guillermo Antonio Domínguez Sánchez
La suerte de Israel
ya estaba echada. El día grande de Jehvah
había llegado, faltaban “horas” para su cumplimiento. El silencio de Jehová se rompería en definitivo
con su último profeta del Antiguo Pacto, Juan el Bautista, quien vendría a preparar
el corazón de muchos para la venida del Mesías, y quien también vendría
anunciando juicio sobre su pueblo rebelde, Judá. El hacha ya estaba puesta, les dijo, y vendría
uno que los bautizaría en Espíritu Santo y fuego. El fugo aquí, tiene la idea de juicio, el
cual llegó con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C., por el general
Tito, hijo del emperador Vespasiano.
Dios había intentado muchísimas veces convencer a
su pueblo de volverse a él y al final aptas a su Mesías Rey. Enjuició
al reino del Norte a través de los Asirios en 722, a Judá en 600, 557, y
587 a.C., pero Israel no entendió, lo enjuició a través de los seléucidas y
Antíoco Epífanes en 165 a.C., pero su pueblo no aprendió. Si bien, dejaron aparentemente la idolatria,
pero se fueron al extremo de la falsa santidad e hipócrita y sectaria actitud
de sujeción a la letra, aunque más se sujetaron a las tradiciones de sus
padres, antes que, al mandato divino de hacer justicia, y amar misericordia, y
humillarte ante tu Dios. Pero Israel no entendió, se aferró a su legalismo
y desecharon a su Mesías tan esperado, consumando su desgracia, de haber tenido
delante y en medio de sí a su mesías anhelado y no haberle reconocido, creído
ni recibido.
Para Isael, la
llegada de Juan el bautista marcaba el principio del fin, una era había llagado
a su término. Juan sólo haría su
trabajo d comunicar su juicio y último llamado al arrepentimiento al “resto” o
remanente de Israel, lo cual también logró, pues muchos, oyeron su voz en el
desierto, su voz de llamado al arrepentimiento y preparación para recibir al
Mesías. Felipe habría de ser uno de sus
frutos directos de esa preparación, pues éste vendría a formar parte de los
Doce que el Señor Jesús llamaría al ministerio apostólico. Muchos de los primeros discípulos de Jesús
habrías sido seguidores de Juan el bautista, una vez sabidos por boca del propio
Juan que él no era el Mesías, sino aquel a quien señaló como el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo, Jesús de Nazaret.
Una vez logrado
su cometido, de anunciar el juicio inminente sobe Israel y la presencia del
Mesías, Juan había participado del bautismo de sangre, su propia sangre al ser
ejecutado por manos de sus propios líderes que no soportaron oír su mensaje de
arrepentimiento. Su muerte, también presagiaría
la muerte de Jesús Mesías, que a su vez sellaría el culmen del fin de Israel
como pueblo predilecto de Dios y como Israel como estado. Una vez llegada la destrucción de Jerusalén
en el 70, deja de ser parte como pueblo único de Dios, y el rol pasa a la iglesia
como nuevo pueblo de Dios. Cualquier pretensión
nacionalista y de restauración por parte de los judíos, será simple necedad y actitud
sectaria.
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