lunes, 16 de marzo de 2026

¿Dónde está la iglesia? Notas breves sobre Hechos.

 

¿Dónde está la iglesia?

 Por Guillermo A. Domínguez.

Entrada 6

Lucas distingue cuatro elementos fundamentales para distinguir la presencia de la iglesia: 1) perseverancia en la doctrina apostólica, 2) comunión unos con otros, 3) Partimiento del Pan, 4) las oraciones.   Donde haya esos cuatro elementos, ahí estará presente la iglesia.   La enseñanza apostólica es la doctrina de Cristo, o sea, todo lo que concierne a la persona de Jesús, su vida, ministerio, sus dichos y hechos y su obra en la cruz.  Puede ser añadidas aquellas directrices y consejos dada por los apóstoles que tengan que ver con la vida y ética cristiana, tomando en cuenta el marco contextual, a modo de no imponer algo que no necesariamente deba cumplirse por cuanto elemento cultural ajeno  nosotros.   Las cartas paulinas están llenas de enseñanzas morales que se traducen en doctrina a seguir por la cristiandad por cuanto son de aplicación permanente. 

La comunión unos con otros ha de ser parte de la praxis cristiana, pues es ahí donde aprendemos  a sobrellevarnos los unos a los otros en amor.   Es ahí donde tenemos la oportunidad de poder servir aún a aquel que nos ha hecho daño, es ahí, en el seno de la hermandad donde aprendemos a ver a Jesús en el rostro del hermano, en el rostro del prójimo.  

 

El partimiento del Pan aquí mencionado, no solo implicaba la comida común, sino el memorial del sacrificio de Cristo en la cruz.  En este memorial instituido por Jesús mismo, tenemos la oportunidad d recordad no solo la muerte de Jesús, sino la gracia de Dios en Cristo de haber sido incluidos en un nuevo pacto, el ser partícipes en una nueva alianza con Dios.   Esa nueva alianza sellada con la sangre de Cristo nos constituye en un nuevo pueblo delante de Dios y para Dios.    Esta alianza es una alianza que no exceptúa a nadie, pues todos han sido llamados a ser partícipes por la fe en la obediencia al evangelio.   Israel fue constituido n su pueblo exclusivo, exclusividad que perdió por su arrogancia, exclusión dicha por el mismo Jesús al decir que el reino sería quitado de ellos y dado a gente que produjese los frutos del reino.   Dios se hizo de un nuevo pueblo llamado: La Iglesia la cual fu adquirida por la sangre de Cristo.   En este nuevo pacto, participamos tanto de su cuerpo y de su sangre representada en los elementos que a Jesús le plació representarlos.   La iglesia en ese momento lo participó, Pablo lo aclaró a un mejor en su carta a los Corintios, y nosotros continuamos con la practica de dicho partimiento.

Las oraciones.   La oraciones no son sino la forma en que nos comunicamos con Dios, es la intimación de nuestro yo con el Ser de Dios al conectarnos con el por la fe al dirigirnos a él.  Las oraciones son la forma de humillarnos al demostrarle que dependemos totalmente de él al pedirle.  Nos acercamos con espíritu humilde y penitente, así como confiados que nos escucha porque lo hacemos  a través de Jesús y porque tenemos dentro al Espíritu Santo quien intercede en nuestras oraciones, muchas veces las hechas, pero presentadas perfectas por el Espíritu Santo delante de la presencia de Dios.   El traduce las intenciones del corazón en cada oración y las presenta traducidas ante el Padre.  Las oraciones no solo son un mandamiento, sin una necesidad y una forma de adorar a Dios al mostrar nuestra dependencia de él.   Así, donde están estos elementos, ahí está presente la iglesia. 

El acontecimiento de Pentecostés en Hechos capítulo dos.

El acontecimiento de Pentecostés en Hechos capítulo dos. 

Por: Guillermo A. Dominguez

Entrada 5


El capítulo dos de Hechos de los Apóstoles, es uno de los pilares fundamentales en la eclesiología, sirviendo como elemento referencial único para el origen y establecimiento de la iglesia.  Como se mencionó en el artículo anterior, sin Hechos sabríamos poco o casi nada sobre el origen del cristianismo, la iglesia y las iglesias a quienes Pablo escribe en sus cartas.  Así pues, Lucas se propondrá ubicar la narrativa del establecimiento de la iglesia en cumplimiento del mandato de Jesús de no salir de Jerusalén,  en cumplimiento de la profecía de Joel dos, tanto así que recuerda a Pedro citar dicho profeta como cumplimiento de la palabra de Dios.   Lucas se presenta con una lucidez excepcional, un maestro conocedor de la profecía bíblica así como del ordenamiento y acomodamiento literario de las cosas por él narradas.   Todo converge en Hechos capítulo dos, las profecías del establecimiento de la iglesia,  el establecimiento o llegada del Reino de Dios con poder, el derramamiento del Espíritu Santo y las consecuentes manifestaciones del Espíritu en ese día como credenciales o garantías de que lo dicho tanto por los profetas y por Jesús tuvo su cumplimiento ese día.


Jesús les había dicho que muchos de los que estaban con él no verían o experimentarían la muerte, sino hasta que viesen venir el reino con poder (Marcos 9:1).  También, antes de la ascensión Jesús les dijo que recibirían poder cuando viniese el Espíritu Santo, lo cual precisamente ocurrió.   Ese día,  reunidos todos en el aposento alto, los doce junto con alrededor de unas 120 personas recibirían el derramamiento del Espíritu Santo.  Este manifestó su descenso con un como con un gran viento recio qué soplaba y llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentando sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.   Notes que previamente se mencionó que en la casa estaban reunidas las mujeres y los Apóstoles y eras todos en total como ciento veinte personas.  Eran todos los que habían seguido a Jesús casi desde el inicio de su ministerio.   Casi todos habrían sido de Galilea, si no es que todos.   La idea que presenta la narrativa es que en la casa estaban reunidos 120 almas.  Por eso es lógico y congruente que Pedro diga que en ese momento se está dando el cumplimiento de la profecía de Joel, donde, tanto jóvenes, mujeres y ancianos verían visiones, profetizarían y hablarían en otras lenguas.  No fue, entonces, solo sobre los Apóstoles que se derramó el Espíritu Santo, sino sobre la congregación de 120 reunidos esa mañana con los allí,  incluida Maria y las demás mujeres.  De lo contrario no tendría sentido ni cumplimiento real lo dicho por Joel y expresado por Pedro como argumento seguro que ese día se cumplió la palabra de Dios.  El poder con que se manifestó el Espíritu fue único aquí y en Hechos diez.   Ese día, tras el mensaje de Pedro habrían sido bautizados como tres mil personas.   Judíos de todos los puntos cardinales llevarían la semilla del evangelio a sus lugares de origen.  La iglesia creció y se expandió por toda Jerusalén,  Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra.  


Conectividad literaria entre Hechos de los Apóstoles y el evangelio de Lucas. Su función canónica.

 Conectividad literaria entre Hechos de los Apóstoles y el evangelio de Lucas.   Su función canónica.

Por: Guillermo A. Dominguez

Entrada 4

 

Tal cual se mencionó en la primera entrada de Lucas, el libro de los Hechos de los apóstoles es el segundo volumen de la obra de Lucas, dirigido igual que el primero, a un tal Teófilo, algún alto dignatario del imperio romano.   Hechos tendrá la intención de continuar demostrando a Teófilo el único Señorío de Cristo y Salvador universal, lo inofensivo del cristianismo para el imperio romano y lo indetenible que es este movimiento, iniciado en ese momento, hacía 30 años atrás.

Lucas inicia el libro de los Hechos, casi recapitulando el último capítulo del Evangelio o sintetizándolo: los dichos y hechos de Jesús, hasta el día que fue recibido arriba, su resurrección y su aparición con pruebas indubitables durante cuarenta días, hablándoles acerca del Reino de Dios; su últimas recomendaciones en el monte de la ascensión, su mandato de no salir de Jerusalén hasta que hayan recibido la promesa del Padre, su afirmación de que habrían de ser bautizados con el Espíritu Santo en muy pocos días.   Esto prueba, evidentemente que Hechos de los Apóstoles es la continuación literaria del Evangelio de Lucas.   Igual que Lucas, el libro de Hechos habría de ser redactado hacia inicios de la década del sesenta del primer siglo.  

La función canónica de Hechos s fundamental para el mejor entendimiento del resto de escritos del Nuevo Testamento.   El libro de Hechos es como el puente lógico e ideológico entre los evangelios, la vida, predicación la obra de Cristo en la cruz y las cartas a partir de Romanos hasta Apocalipsis.   Sin Hechos no se sabría nada en cuanto a cómo inició el cristianismo ni ninguna de las iglesias en las distintas regiones a donde es dirigido cada documento del Nuevo Testamento.    ¿Cómo entender 1 de Tesalonicenses, su origen y las dificultades que la carta afirma ellos experimentaron?    Sin embargo, Hechos 17 nos da la información por cual se entiende mejor lo dicho en 1 Tesalonicenses.   ¿Cómo entender los conflictos entre Pablo y los judaizantes mencionados en sus cartas si no existiera el libro de Hechos y su capítulo 15?   Evidentemente el libro de los Hechos cumple su función canónica de manera perfecta y eficaz como puente entre los cuatro evangelios y las cartas del Nuevo Testamento, eficaz para el mejor entendimiento de las mismas.  

Se notará en la leída de una sola sentada, el bosquejo natural del libro de Hechos sintetizado en l 1:8 : Me seréis testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra.  Cuatro divisiones naturales encontradas entre el capítulo 1-7 Jerusalén y Judea, Samaria (cap. 8), lo último de la tierra: 13-28.   Se verá otro bosquejo natural entre el capitulo 1-12 con el mayor protagonismo apostólico de Pedro, y del capítulo 13-28 con mayor protagonismo del apóstol Pablo.  

Sin embargo, para Lucas, en su redacción, el verdadero protagonista del libro de Hechos de los Apóstoles será el Espíritu Santo.   Su neumatología es esencial en Hechos, cumpliendo así lo dicho por Jesús respecto al Espíritu Santo que enviaría en su lugar.   Así, el único vicario de Cristo en Hechos es el Espíritu Santo, de ahí que alguien sugiriera que el libro debiera titularse:  Los Hechos del Espíritu Santo.

domingo, 15 de marzo de 2026

Jesús, su nacimiento virginal y su divinidad, Breves notas sobe Lucas

 

Jesús, su nacimiento virginal y su divinidad

Entrada 3

Por Guillermo A. Domínguez

En la segunda entrada sobre Lucas 1, dejamos a Elizabet, parienta de María, recogida por cinco meses en su casa.  El 1:26 nos presenta que a los seis meses de embrazo de Elizabet, el ángel Gabriel, el mismo ángel que se apareció al sacerdote Zacarías, padre de Juan el bautista, el mismo ángel que hacia mediados del siglo sexto a.C., se había aparecido a Daniel el profeta, ahora, irrumpe nuevamente en la historia de la salvación siendo portador de la buena noticia de parte de Dios a la joven virgen María:  En ella se gestaría el Hijo de Dios.   Parte de lo extraordinario de esta sección es la base para la teología de la encarnación del Verbo de Dios, y el nacimiento virginal.   No hubo intervención de hombre para la fertilización del óvulo maduro de María.   El Verbo de Dios, Espíritu puro, energía pura, se materializaría como esperma para fertilizar el óvulo de María e iniciar el proceso de la mitosis.   ¿No puede acaso Dios trasformar la energía en materia, y la materia en energía?   Dios no hizo lo que se ve de la nada, sino que dice: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”   No dice que de la nada, sino de lo que no se veía.   Einstein se atrevió a formularlo en la ley de la conservación de conservación de la energía.  

Ante el asombro de María, el ángel le dice: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.   Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo….  María que no había tenido relaciones sexuales con ningún varón pregunta cómo puede ser posible esto?  La respuesta del ángel:  “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”.   En todas estas palabras está basada la doctrina del nacimiento virginal y la divinidad de Jesús.   O se acepta cual está escrito con todas las implicaciones teológicas o simplemente se rechaza y no se cree en ello.   Dios no dejará de ser menos Dios ni mas Dios si aceptamos o no lo escrito tan solo en esta sección.   Aquí lo interesante son las implicaciones de cada frase.   Ella es virgen, ningún hombre la ha tocado, pero aún así Dios decide que ella quedará embarazada.   ¿Cómo?  La sombra del Altísimo vendrá sobre ella y le cubrirá.   Juan dice que el Verbo se hizo carne.  Ni siquiera dice que tomó carne, sino que se hizo carne.   El Espíritu divino, el Logos o palabra creadora, parte del ser de Dios, su esencia divina, se haría carne en el útero de María, en su óvulo maduro, el cual una vez se ser divino se cristalizara en materia (esperma divino), el óvulo quedó fecundado por la energía del ser divino.  El Verbo era ya, desde ese momento, carne, participante de la naturaleza humana a través de María, y participante por naturaleza del ser divino por cuanto divino, pero ahora encarnado.  Ese ser n gestación humana, solo le faltaba nacer como humano, y nació.  Y tan cual lo afirmó Mateo Flecha el viejo en su “Riu riu chiu”, Lo divino e infinito se hizo finito para hacernos “infinitos” (inmortales) y participantes de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4).  

El Silencio roto. Breves notas sobre Lucas

 Entrada 2

El silencio roto.

Por Guillermo A. Domínguez

Cuatrocientos años aproximadamente habían transcurrido desde que Dios había hablado por última vez al pueblo a través de un profeta o visión, desde la última vez que lo hizo a través del profeta Malaquías, quien se enfrentaría a la apatía, frialdad y descuido de la fe por parte del pueblo judío y sus líderes religiosos luego del exilio, ya una vez construido el segundo Templo.   La nación judía del postexilio pasaría por mucha historia en todo ese lapsus hasta la aparición de Jesús en la historia.   Y es precisamente aquí, poco antes de su nacimiento, cuando Dios irrumpe nuevamente con su voz en la historia, y habla por primera vez después de esos cuatrocientos años, ahora a través de un sacerdote llamado Zacarías quien en turno de ministración en Templo, una vez dentro del lugar santo, el silencio de Dios es roto a través de su ángel, Gabriel, quien le notifica que él y su mujer, tendrán un hijo, cuya misión es preparar el corazón del pueblo para la llegada del Señor (Mesías Jesús).   El ángel designa el nombre del niño que nacerá: Juan, el cual será lleno del Espíritu Santo desde su nacimiento, e irá delante del Señor con el espíritu y poder de Elías.   Con este acontecimiento, el silencio de cuatrocientos años había sido roto.   Dios había reiniciado la cuenta regresiva, el principio del fin para Israel, y el inicio de una nueva era dentro de su plan salvífico, ya no con Israel como pueblo exclusivo y representante de su reino en la tierra, sino con un nuevo pueblo llamado: la Iglesia.  Los “posteros tiempos” habían iniciado con el fin del silencio de Dios a través del mensaje de su ángel.   Solo faltaba que su palabra creadora, su Logos se hiciera carne, no si antes, viniese primero “el Elías” en su antitipo Juan, preparando el corazón del pueblo con su predicación acerca de la llegada del Reino de Dios y la invitación al pueblo al arrepentimiento.   El mensaje de Juan fue de esperanza para los humildes de corazón que oyeron su mensaje y fueron bautizados, pero de juicio para el pueblo de Israel como nación.   Su fin era inminente, el hacha ya estaba puesta, la suerte ya estaba echada sobre Israel como nación, su inminente fin se acercaba.   Con la llegada de Juan, Dios quiso salvar a cuantos más pudieran oírle y obedecerle a través de su profeta Juan, el mensaje de Jesús y sus discípulos.   El silencio roto de Dios se tradujo en esperanza de salvación sobre los humildes y marginados y de juicio sobre la rebelde Judá.       Jesús mismo lo declaró en su  parábola de la viña y lavadores malvados:  el reino será quitado de vosotros y dado a gente que produzca los frutos del reino.   Esta nueva gente se tradujo en la iglesia.   Con Jesús, la revelación de Dios se cristalizó en sus palabras, ministerio y su persona.  Dios habló de muchas veces a los padres a través de los profetas, pero en estos últimos días nos ha hablado a través de su Hijo.   Dios continúa hablando al hombre cada vez que su palabra es leída, cada vez que su mensaje es predicado, cada vez que se amanece en un nuevo día, la voz de Dios habla a la criatura caída con su llamado apostólico: ven y sígueme.  

El Evangelio de Lucas, Breves Notas sob Lucas, Entrada 1

 El Evangelio de Lucas, Breves Notas

Entrada 1

Por Guillermo A. Dominguez

El Evangelio de Lucas habría sido redactado hacia inicio de la década del 60 del primer siglo.  Aunque Lucas  no habría conocido a Jesús en su ministerio, afirma haber indagado diligentemente todo lo concerniente a su vida y ministerio.  

El documento va dirigido a un tal Teófilo, a quien quiere demostrar con lucidez, lo inofensivo que es el movimiento del nazareno e inducirlo a creer en él, así como la garantía histórica de la enseñanza iniciada hacía treinta años atrás y preservada con integridad (J. A. Fitzmyer, El Evangelio según Lucas). La frase honorífica: “¡oh! Excelentísimo Teófilo”, -usada para el destinatario tanto al inicio del Evangelio de Lucas, como al inicio del libro de Hechos de los Apóstoles-, indicaría que el documento es dirigido a un alto dignatario del imperio romano, frase también dirigida al gobernador Félix en Hechos 24:3.   La redacción del texto, a diferencia del de Mateo, carece de la saturación referencial a la Ley de Moisés, lo cual caracteriza a Mateo, lo cual indicaría que la audiencia de Lucas es gentil y no judía.  

La referencia a Teófilo tanto al inicio del Evangelio de Lucas y el libro de Hechos, indicaría que es una obra en dos volúmenes y con un mismo ideario: el inicio del movimiento cristiano con la persona y ministerio de Jesús, su muerte y resurrección (Primer Volumen: Evangelio de Lucas) y el inicio, desarrollo y expansión de este movimiento, treinta años después.   Lo que inició con un Maestro y doce hombres, se cristalizó en tres mil personas, luego cuatro mil, cinco mil y en expansión  (Segundo volumen de la obra: Hechos de los Apóstoles).   Significativo para esto será, como observa Pablo Sanabria, la referencia lucana sobre el dicho de Gamaliel sobre el recién iniciado movimiento cristiano: “…porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis dstruir; …”,  y la referencia al final de lucas, treinta años después de ese dicho de Gamaliel: “Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.  El Evangelio que presenta Lucas, es un movimiento iniciado 30 años atrás e indetenible, un movimiento de Dios y no de los hombres. 

Así pues, el Evangelio de Lucas es el primero de dos volúmenes: Lucas-Hechos.  La idea motriz de Lucas será -como dirá Gerardo Sánchez Mielgo-: presentar a Jesús como Salvador y Señor universal.   A diferencia del ideario judío de un Dios nacional, el evangelio presenta a Dios en Jesús como Señor del cosmos, el Dios y soter universal.  No es el César el Señor, sino, solo Jesús.

Lucas presentará, en el lenguaje de N.T. Wright, los elementos atmosféricos en medio de los que Jesús de Nazareth aparecería en la historia salvífica, por una parte, el radicalismo religioso, ideario salvífico mal expuesto y mal entendido por el pueblo de Israel representado en sus líderes religiosos: sanedrín, sacerdotes, saduceos y fariseos, y el lado opuesto representado por el imperio romano.    Los elementos estaban dispuestos para crear la tormenta perfecta, la cual al final se desató.

sábado, 22 de abril de 2023

La Benevolencia en la Iglesia del Señor Jyba

 La Benevolencia en la Iglesia    Jyba

Por: Guillermo Antonio Domínguez Sánchez  Jyba

Panamá, Abril 22 de 2023


Definición:  la palabra viene del latín:  Bene = bueno;  volo = desear; encia = cualidad de un elemento .  Así, la benevolencia es el desear el bien a sí mismo o al prójimo.   

    En el cristianismo actual, el término ha dado un giro hacia la idea de dar alguna ayuda, casi siempre de orden material: alimentos o dinero para los necesitados.   De ahí que en muchas iglesias se instituya el ministerio de benevolencia, el cual tiene la responsabilidad de velar por las necesidades materiales de la hermandad, especialmente aquellas que tienen que ver con alimentos y salud, los cuales deben ser suplidos con la ofrenda colectada cada domingo.   

Base Bíblica:

    La idea de suplir las necesidades de la hermandad tiene su base tanto en el Antiguo como Nuevo Testamento.  

   En el antiguo Testamento, estas necesidades eran suplidas a través de la colecta del diezmo, el cual consistía en apartar el diez por ciento del producto del campo cada año: granos, aceite y ganado.   Eso era administrado por los Levitas, y destinado para ser repartido entre sí, entre las viudas, huérfanos y extranjeros que pasasen por sus ciudades.   El objetivo era que a nadie le faltara el pan de cada día.  

    En el Nuevo Testamento encontramos su base en muchísimas referencias.  

    El libro de Hechos nos presenta una iglesia sumamente generosa, a modo que traían sus bienes, los vendían y ponían a disposición de los apóstoles para que estos lo repartieran a cada uno según su necesidad (Hechos 2:44; 4:32-37).

    Pablo escribe a los Corintios y les ordena, -como lo había hecho a las iglesias en Galacia-, que cada domingo apartasen una ofrenda según hubiesen prosperado, para ser recogida a su regreso y ser llevada a los hermanos en Jerusalén, quienes estaban pasando necesidad (1 Corintios 16:1-4).   En su segunda carta, esta inserta una carta que previamente había enviado a los corintios respecto al tema de la ofrenda para los santos, o sea, para los necesitados en Jerusalén.   En esa sección, Pablo justifica la acción de la ofrenda y su propósito, así como detalles en cuanto a la cantidad que cada uno ha de ofrendar (8:12; 9:7) y sobre todo la actitud al ofrendar (2 Corintios, caps. 8-9).    

    En la carta a los Gálatas (Gálatas 6:1-10), luego de hablarles acerca de los frutos del Espíritu ante las obras de la carne, les exhorta de manera práctica cómo obrar en el Espíritu.   Les comenta primero sobre cómo ha de ser la actitud ante aquel que ha fallado.  No con actitud de soberbia sobre el pecador, sino con trato humano, con mansedumbre, no tratándolo como a un enemigo.   En segundo lugar, les manda a compartir de toda cosa buena con aquellos que les enseñan la palabra.   La frase: “haga partícipe de toda cosa buena al que le instruye” significa colaborarle en lo material, o sea con un aporte económico que pueda ayudarles a estos en su manutención.   Lo mismo les dice a los Romanos respecto a la ofrenda económica que enviarían a los hermanos en Jerusalén, porque si los gentiles han sido hechos partícipes de los bienes espirituales de los judíos, deben también estos ayudarlos con bienes materiales (Romanos 15:25-29).   Pablo plantea aquí la idea de responsabilidad de apoyar económicamente a los que les ministran espiritualmente.   En esto se hace presente también, según el pensamiento del apóstol, el fruto del espíritu, una actitud de dar y compartir para las necesidades de los menos privilegiados.  En tercer lugar, Pablo termina la idea de las buenas obras como fruto del Espíritu, diciéndoles a los Gálatas, que nunca se cansen de hacer el bien, y que según tengan oportunidad, hagan bien a TODOS, y especialmente a los de la familia de la fe (Gálatas 6:9,10).   Pablo muestra la actitud de imparcialidad que debe haber en el concepto de dar, compartir, ofrendar.   Si se puede, debe hacerse sin distinción de que si es o no miembro de la iglesia.   Eso es ser cristiano.    

     En cuanto al argumento que la ofrenda es "para los santos", y que por tan razón no puede apoyarse a nadie que no sea de la iglesia, debe recordarse que cuando el texto dice: "para los santos" el texto se refiere directamente para la iglesia en Jerusalén, quien estaba atravesando necesidades.  La solicitud que Pablo hizo, no tenía nada que ver con alguna necesidad de las iglesias locales a quienes les ordena ofrendar, sino para los de Jerusalén.   Si se quiere ser bíblico, se debe reconocer eso.   El mandato de la ofrenda a los Gálatas y Corintios fue circunstancial, como circunstancial todo cuanto se escribe en cada documento, tanto, del Antiguo como Nuevo Testamento.   

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