sábado, 1 de julio de 2017

La Vida después de la muerte y el Testimonio de la Biblia Jyba


La vida después de la muerte
y el Testimonio de la Biblia
Por: Guillermo Antonio Domínguez    Jyba

    ¿Qué es la muerte? Esta pregunta ha inquietado a través de los tiempos.   Sin embargo, para nosotros los cristianos, la Biblia responde.   Tanto para los griegos como para los egipcios y otras culturas, el concepto de la muerte, y la vida después de la muerte eran de gran importancia.   Leemos a Sócrates disertar sobre el asunto ante sus amigos antes de morir, y en la plática sostenida con ellos se desvela el sentido que ellos le daban al acontecimiento de la muerte; él afirma: “¿Y no se da el nombre de muerte a eso precisamente, al desligamiento y separación del alma con el cuerpo?”.   Luego habla del Hades como un lugar donde se pueden encontrar las almas después de la muerte.   A continuación hablaré brevemente lo que la Biblia nos habla sobre el concepto de la muerte.  
Para el concepto de la muerte hay muchas acepciones:
  1. θάνατος (thánatos) = muerte,
  2. θανατόω (thanatóo) = matar,
  3. θνήσκο (thnésko) = morir,
  4. νεκρός (nekrós) = muerto.   
  5. Hay otros términos derivativos que implican el concepto de muerte.      

La muerte es un decreto o sentencia divina dada en el Edén tras la desobediencia de nuestros padres Adán y Eva.   Dios les había advertido que el día que desobedecieran morirían. El Espíritu Santo, inspirando al autor de la carta a los Hebreos dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Heb. 9:27).   
Así, la muerte, tras la caída, se introdujo en la naturaleza del hombre.   La muerte no es natural en el ser humano, pues Dios no hizo al hombre para morir, sino que la muerte es contingente, se introdujo en la naturaleza caída del hombre como consecuencia de su deslealtad a Dios.   Tras la caída en el Edén, se deduce que hubo cierto cambio en la naturaleza o genética humana, así como en la naturaleza misma, pues a partir de ahí, Dios decreta el cansancio o debilidad en el hombre al decirle: “con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.   Con ello, Dios había decretado la muerte. La naturaleza en el mundo también experimentó cambios, pues Dios le dice al Adán: “Y al hombre dijo: por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: no comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.   Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.   Definitivamente hubo un cambio en toda la naturaleza que Dios creó.   El cansancio, la debilidad y la muerte se había introducido en el ser mismo del hombre.     
  
A partir de ahí, la muerte es inherente al hombre, está en su genética.  Pablo en Romanos 5:12 plantea no el origen del pecado, sino, el origen de la muerte al decir: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.   De ahí se desprende la idea que el aguijón de la muerte es el pecado, la desobediencia a la ley excitada por el pecado conlleva a la muerte.   Pablo afirma que los que conocen el juicio de Dios y practican el pecado, son dignos de muerte (Rom. 1:32), siendo la paga del pecado, la muerte.   

¿Muere el alma al morir el cuerpo? ¿Qué pasa cuando alguien muere?  ¿A dónde va el alma después de la muerte? ¿Cuál es la constitución del alma o espíritu?

De lo antes dicho, se puede definir semánticamente el concepto muerte, como la separación del alma del cuerpo.   Dicha definición se sustenta en muchos pasajes de la Biblia:
  1. En la narrativa de la muerte de Raquel: “Aconteció que, como había trabajado en el parto, la partera le dijo: No temas, porque también tendrás este hijo.   Ella al salírsele el alma –pues murió- le puso por nombre Benoni; pero su padre le llamó Benjamín.” (Génesis 35:17-18).   Vemos aquí que la muerte acontece al salírsele el alma.   

  1. Seguido, el autor sagrado narra la muerte de Isaac, y escribe: “Exhaló Isaac el espíritu; murió y fue reunido a su pueblo, viejo y lleno de días.   Lo sepultaron sus hijos Esaú y Jacob” (Génesis 35:27-29).   Así, la θάνατος (Thánatos) según el texto bíblico, consiste en la separación del alma o espíritu del cuerpo.   Estos dos pasajes nos indican que la muerte se produce en el momento de separarse el alma o espíritu del cuerpo; de ahí la coincidencia de significación semántica en la palabra θάνατος (Thánatos) como separación, ausencia de vida.

  1. Jesús afirma: “No temáis a los que matan el cuerpo pero el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”.   De esto se desprende que el alma es inmortal; Sólo Dios puede aniquilarla.   Se desprende también la idea de distinción entre alma y cuerpo como elementos distintos el uno del otro.  El uno sobreviviendo la muerte del otro. El cuerpo puede ser matado, no así el alma. La muerte del cuerpo, pues, no afecta la vida del alma tras la muerte.   El alma continúa viviendo.
  2. Jesús narra la experiencia del Rico y Lázaro.   En ella se desprenden algunas enseñanzas:
    1. Hay conciencia después de la muerte.   El rico, tras su muerte y estando en el ᾄδῃ  hades, tenía conciencia de sí, sabía dónde estaba, y la condición en la que se encontraba.   Tenía conciencia de quién era Lázaro y Abraham, a quienes veía de lejos. El rico tras la muerte, si bien su cuerpo fue sepultado, su alma no estaba dormida, sino en plena conciencia.   La muerte no es un sueño, es sólo la cesación del cuerpo como vehículo del verdadero yo que es el alma, la cual sobrevive a la muerte del cuerpo.
    2. Otra enseñanza que se desprende de la narrativa de Jesús es que el alma no pierde su identidad, sino que continúa llamándose como se llamó en vida del cuerpo.  El rico llama a Lázaro por su nombre y llama a Abraham por su nombre. La identidad, la realidad existencial de quiénes somos continúa tras el acontecimiento de la separación del alma del cuerpo, lo que llamamos: muerte.
    3. Otro aspecto que podemos rescatar de la narrativa es que no perdemos el destino labrado que hemos labrado en la vida del cuerpo.   Todo lo que hacemos aquí en nuestro cuerpo, son puntos a favor o en contra de nuestro verdadero yo, de nuestra alma al salir del cuerpo.   Ello determinará a dónde iremos tras morir. Volvamos a recordar lo dicho en Hebreos 9:27: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.

  1. Jesús retoma la idea común de los griegos para representar una verdad: La vida y destino después de la muerte.   En la narrativa se ve al Rico alzando sus ojos y viendo de lejos a Abraham y a Lázaro en sus brazos. La idea de ver hacia arriba, indica que el Rico estaba en un lugar profundo, de llamas, y atormentado, lo cual coincide con los lugares profundos del hades griego, el tártaro.   Abraham y Lázaro en cambio, estaban en lugares superiores, o bienaventurados. No me detendré a determinar si es o no literal cada imagen presentada en la narrativa, lo importante es ver las enseñanzas y verdades presentadas por Jesús: La importancia de sujetarse a las Escrituras, la vida consciente después de la muerte y el destino reservado para cada alma después de la muerte del cuerpo.

  1. Si bien, se entiende la narrativa como una parábola en la cual se pretende dar una enseñanza espiritual, no obstante, Jesús plantea la realidad espiritual que experimenta el verdadero Yo, o alma, al desencarnarse tras la muerte.   Si bien plantea elementos figurativos, -“como el fuego, mojar el dedo en agua y refrescar la lengua”- la realidad detrás de la imagen es el sufrimiento o tormento del espíritu o alma tras la muerte, y el gozo de ser consolado en los brazos de Abraham, -imagen refrescante para los hebreos-, o  el Paraíso o cielo para los cristianos. Todo el conjunto es una realidad espiritual tras la experiencia muerte.

  1. Pablo se refiere de partir y estar con Cristo: “…porque para mí  el vivir es Cristo y el morir es ganancia.   Pero si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger: de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros” (Filip. 1:221-24).   En este pasaje, la palabra carne es sinónimo del cuerpo.   Pablo habla de estar en el cuerpo, implicando al cuerpo como vehículo de su verdadero yo.   Así, entonces, el alma es el verdadero “Yo” del Ser. Para Pablo, la palabra “partir”, aquí implica abandonar el cuerpo, lo que es lo mismo que morir.  Pero para Pablo, no todo queda ahí. Él dice: partir y estar con Cristo.  O sea, que para Pablo, el salir del cuerpo o morir, no significaba aniquilación del ser, sino el paso a un nuevo estado de vida, un existir consciente delante de Cristo.   La muerte, tanto para Pablo como para Jesús, no era un sueño en el sentido literal; no era un estado de inconciencia, como algunos han querido inferirlo de las palabras de Jesús respecto de la muerte de su amigo Lázaro, sino vida después de la vida.   
  2. Pedro también dice algunas cosas muy interesantes respecto a su muerte: “Tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación, sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado” (2 Pedro 1:13,14).   Primero habla de estar en o dentro del cuerpo.   Pedro ve a su cuerpo como el vehículo o morada de su verdadero Yo, quien es quien realmente está hablando.  De igual modo habla de abandonar el cuerpo. Afirma que Jesús se lo había revelado. Pedro pronto habría de morir, o sea, abandonar el cuerpo, Jesús se lo había revelado.   La idea implica que el cuerpo es sólo el vehículo del alma, la cual abandona el cuerpo tras la experiencia de la muerte. Pedro no habla de morir, habla de abandonar el cuerpo.   Ellos estaban convencidos de algo más allá de la muerte física. La salida del alma del cuerpo implica un estar presente delante de Cristo, dice Pablo.
Así, de todo lo escrito, el alma, el  נֶפֶשׁ (nephesh) y el רוּחַ (ruahk) en el Antiguo Testamento y el πνεῦμα (pnuma = espíritu) y el ψυχή (psuqué = alma) en el Nuevo Testamento, son el verdadero yo, el ser consciente, en quien verdaderamente reside todo la personalidad de quienes realmente somos en vida dentro cuerpo.   Ambos términos son intercambiables en la Biblia, sinónimos. Al morir, el cuerpo es el vehículo vacío, la habitación desocupada de nuestra alma. Pablo usa la palabra νοῦς (nous) como término que se equipara mejor con pneuma. El νοῦς es el entendimiento o mente del hombre; es nuestro πνεῦμα, nuestro verdadero yo.   Este continúa consciente tras la experiencia de la muerte y en un lugar reservado para él, según lo hecho mientras vivía en el cuerpo, sea bueno o sea malo (2Corintios 5:10). Jesús le dijo al malhechor arrepentido en la cruz: “hoy estarás conmigo en el paraíso”.   El paraíso, así, entonces, no es un estado del alma, sino un lugar donde el alma del justo reside tras la muerte.   Jesús al morir fue al paraíso, y con él, también el malhechor arrepentido. Pablo en estado de éxtasis, dice haber ido al paraíso, y a un lugar al que él llama tercer cielo.   Son regiones o esferas celestes por mencionar algún término, para aquello que no tenemos las palabras exactas para describir. Pablo anhelaba estar en un lugar de bienaventuranza tras su muerte, él habla de “partir y estar con Cristo”; Pedro afirma: .Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación;
sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado (2 Pedro 1:13, 14).  El autor a los hebreos nombra a muchos de los difuntos del Antiguo Testamento y los menciona como observadores nuestros (Hebreos 11).   También afirma que los cristianos nos hemos acercado a los espíritus de los justos hechos perfectos (Hebreos 12:23). Los menciona no como muertos, sino como vivos.  

En base a la narrativa de Jesús en Lucas 16 y lo dicho al malhechor arrepentido, podemos inferir que existe una región espiritual al cual van todos los que mueren.   Los judíos lo llamaban שְׁאוֹל Sheol, o lugar de los muertos, sinónimo en algunos pasajes como sepulcro, así como del Hades en el Nuevo Testamento.   Job nos describe algo distinto al sepulcro o sheol judío, pero similar al pensamiento que siglos más tarde los griegos tendrían sobre el hades y que Jesús retomaría en su narrativa;  Job dice: “¿Por qué me sacaste de la matriz? Habría expirado y nadie me habría visto.   Sería como si nunca hubiera existido, llevado del vientre a la sepultura. ¿No son pocos mis días? ¡Déjame, pues! Apártate de mí, para que pueda consolarme un poco antes que vaya para no volver, a la tierra de las tinieblas y la sombra de muerte, a la tierra de la oscuridad y el desorden, lóbrega como sombra de muerte, donde la luz es como densas tinieblas” (Job 10:18-22).   ¿Habría influido esto a los griegos o los griegos a los judíos?   Me inclino al pensamiento de Filón quien pensaba que fueron más bien los judíos quienes ejercieron influencia sobre los griegos en su sabiduría.
El hades en el pensamiento griego estaba el Erebo o lugar de penumbras, era como la región entre la luz y las tinieblas.   Sobre el Erebo y bajo este, se encontraban dos lugares más: Abajo el Tártaro o lugares más profundos donde estaban encarcelados los dioses.   Sobre el Erebo se encontraban los Campos Elíseos, un lugar paradisíaco, radiado por el sol. Jesús fue al Paraíso tras morir y llevó consigo al malhechor arrepentido.   Tanto el Paraíso como el Seno de Abraham son términos sinónimos, que indican el mismo lugar donde van los justos. Estos tres lugares son la imagen planteada por Jesús en su narrativa de Lucas: Seno de Abraham (Campos elíseos), un hades (Erebo,) y un tártaro (2Pedro 2:4).   Precisamente Pedro dice que en el Tártaro están encarcelados los ángeles que pecaron. La Biblia reina Varela edición 60 traduce la palabra griega Tártaro como infierno (2 Pedro 2:4).   Es el lugar donde no existe la más mínima luz, o sea un lugar de absoluta tinieblas.   Como se mencionó atrás,

¿De qué está hecha el alma, cuál es su naturaleza?   Para tratar de responder esto, podríamos preguntarnos también, ¿de qué está hecho el espíritu, cuál es su naturaleza?   Alguien dirá que su naturaleza es espiritual. Lo cual no satisface mucho nuestra curiosidad. ¿Y el alma? Pues también es de naturaleza espiritual.   Jesús dice: “…pero el alma no pueden matar”. Esto nos indicaría que el alma es de naturaleza espiritual, es espíritu. De ahí podríamos inferir entonces, que cuando la Biblia habla de alma y espíritu, la biblia habla de lo mismo.   El alma es el verdadero yo, quien hace al cuerpo y al cerebro estar vivo. Recordemos que estamos en un punto subjetivo. Sólo podemos decir a la luz del texto bíblico que el ser humano está hecho de un elemento personalizante espiritual llamado alma, quien habita dentro del cuerpo y se comunica a través del cuerpo, piensa a través del cuerpo (cerebro), y habla a través del cuerpo.   El rico, luego de morir, se le ve hablando. No su cuerpo, pues ya estaba sepultado, sino su alma la cual estaba consciente y había sobrevivido a la muerte del cuerpo. Jesús en la cruz exclama: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, o sea, su alma, la cual fue al paraíso llevando consigo al malhechor arrepentido.   Allí, en las regiones celestiales estaría según nuestro tiempo humano, durante tres días.  Luego resucitaría. ¿La constitución del alma, no será acaso energía con cualidades personales?  ¿De qué estará constituida el alma? ¿de viento? ¿o potencia vitalizante llamada alma o espíritu? Todo cuanto se quiera decir respecto a la constitución del alma o espíritu se hará dentro del campo de la especulación.  Lo único bíblico serían los fonemas alma o espíritu, lo cual no responde a la pregunta de la constitución, sea del alma o del espíritu. ¿Energía intelectiva y personal si se pudiera decir así? Lo que sí se ve es que el individuo al salir del cuerpo logra ver a aquellos que con anterioridad ya habían muerto, note la narrativa de Lucas.  En Apocalipsis, pese a su alto contenido metafórico, se dice que se vio a las almas de los que habían muerto por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Al decir que el alma o espíritu son de naturaleza espiritual, es lo mismo que expresar nuestra incapacidad de responder asertivamente a ello. Hemos de tratar de ser humildes al reconocer nuestra ignorancia para explicar lo espiritual, lo inexplicable, por lo menos en este tiempo antes de la resurrección.       

Continuará.   

Notas de pie de página

1. Clemente Fernández, S.I.  Los Filósofos Antiguos, selección de textos, Fedón, pp. 143, 144, Biblioteca de Autores Cristianos, BAC, Madrid MCMLXXIV,

2. Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, Vol. III, Editorial Sígueme, Salamanca, 1993, pág. 114.

3. Léxico Hebreo-Español y Arameo-Español, Sociedad Bíblica, Santa Engracia, Madrid, Primera Edición 1997.

miércoles, 28 de junio de 2017

Manifestaciones Angelicales en el Antiguo y Nuevo Testamento Jyba

 Manifestaciones Angelicales
en el Antiguo y Nuevo Testamento

Por: Guillermo A. Domínguez Sánchez   Jyba
©Copyright Guillermo A.  Domínguez  03/21/17

Los ángeles son criaturas espirituales.   Fueron creadas por Dios en la oscuridad de los tiempos, o sea, no hay fecha alguna para establecer cuándo fueron creados.   Sólo podemos decir que fueron hechos antes que el ser humano fuese creado.   De ello podemos decir que hubo una primero creación: el mundo invisible, el mundo espiritual, y luego la creación del mundo material y los seres humanos con Adán y Eva.
La palabra ángel viene de la voz griega  γγελος  y tiene la significación básica de mensajero.
De acuerdo a lo que leemos en la Biblia, hay diferentes tipos de ángeles: Querubín, Serafín, Arcángeles, ángeles, Tronos, Dominios, Principados, Potestades (Efesios 6:12; Colosenses 1:16; 1 Pedro 3:22).   
Son seres poderosos:
·         2 Pedro 2:11
·         El Ángel de Jehová mató él sólo en una sola noche a 185,000 soldados del ejército Asirio (2 Reyes 19:35)
En cuanto a su número se dice que son millones de millones (Daniel 7:10; Salmos 68:17)
Desde el Antiguo y Nuevo Testamento se ve de manera continua la manifestación de los ángeles a favor de su pueblo.  A continuación presentaré las principales circunstancias donde los ángeles tuvieron su manifestación.
Ángeles en el Antiguo Testamento
1.      Luego que Jehová expulsa a Adán y Eva del Huerto del Edén, puso Querubines al oriente den Edén y una espada para resguardar la entrada al huerto y custodiar el árbol de la vida.
2.      El Ángel de Jehová se aparece a Agar junto a una fuente en el desierto cuando huye de Sara (Génesis 16:7).
3.      Los tres ángeles que se manifiestan a Abraham al darle Dios la promesa del nacimiento de Isaac.   En todo el capítulo 18 se dice que son varones, o sea, tenían apariencia humana, pero uno de ellos se identifica como Jehová.   No es, sino en el 19:1 donde se revela que son ángeles, cuando dos de los tres varones se van rumbo a Sodoma y Gomorra, para rescatar a Lot y destruir las dos ciudades (Génesis capítulo 18 y 19).
4.      El Ángel de Dios le habla a Agar en el desierto cuando ésta es expulsada con Ismael su hijo y le promete hacer una gran nación de él (Génesis 21:17,18).
5.      Jacob lucha con el Ángel de Jehová en Peniel (Génesis 32:22-32).
6.      El Ángel de Jehová se aparece a Moisés en una llama de fuego en medio de la zarza (Éxodo 3:2 y todo el capítulo).
7.      El Ángel de Jehová hace que una asna hable a su amo Balaam luego que este le hubo golpeado tres veces; enseguida, el Ángel se manifiesta a Balaam y le dice que si el asna no se hubiese apartado, él hubiera matado a Balaam (Números 22:21-35).
8.      El Príncipe del Ejército de Jehová se le aparece a Josué frente a Jericó (Josué 5:13-15).
9.      El Ángel de Jehová se aparece a Gedeón (Jueces 6).
10.  El Ángel de Jehová anuncia el nacimiento de Sansón (Jueces 13).
11.  El Ángel de Jehová mató él sólo en una sola noche a 185,000 soldados del ejército Asirio (2 Reyes 19:35).
12.  En las visiones de Daniel, ángeles le dan el significado de las visiones y hablan con él (Daniel 7:16; 8:13-27).   Uno de esos ángeles es llamado Gabriel (Daniel 8:16).
13.  Un ángel le explica a Zacarías el significado de la visión (Zacarías 6:5).

Ángeles en el Nuevo Testamento

1.        El ángel Gabriel se aparece a María y le anuncia el nacimiento de Jesús (Lucas 1:26, 27 en delante).
2.        Ángeles servían a Jesús tras la tentación ()Mateo 4:11).
3.        En el Getsemaní un ángel se aparece a Jesús para fortalecerlo (Lucas 22:43).
4.        El domingo de la resurrección, en el sepulcro, se le aparecen dos ángeles a María Magdalena (Juan 20:11-12).
5.        Dos ángeles se le aparecen a los discípulos en el monte de la ascensión (Hechos 1:9-11).
6.        Un ángel se le aparece a Felipe (11:26).
7.        Un ángel se le aparece a Cornelio y le envía a buscar a Pedro (Hechos 10:1-4).
8.        Un ángel libera a Pedro de la cárcel (Hechos 12:6-11).
9.        Un ángel hirió a Herodes por no haber dado la gloria a Dios (Hechos 12:20-24).
10.    En todo el Apocalipsis, quien habla y le revela a Juan las visiones es el ángel de Jesús: Dice que Dios manifestó el mensaje a Jesús para que este lo diera a su ángel y que este lo diera a Juan (Apocalipsis 1:1-2).


domingo, 25 de junio de 2017

Breve Introducción al Libro de Malaquías Jyba

Breve Introducción Crítica al libro de Malaquías
Por: Guillermo A. Domínguez Sánchez    Jyba

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Junio 9 de 2017

Contexto Histórico

Autor.  Cronológicamente Malaquías es el último de los Profetas Menores.  Así, con Malaquías se cierra la profecía y el canon del Antiguo Testamento.   A partir de ahí, Dios guardará silencio por casi cuatrocientos años hasta que vuelve a pronunciarse con la anunciación del niño Jesús y la predicación y vida profética de Juan el bautista.            

Es nula cualquier información sobre la vida personal del profeta, excepto su nombre, la significación del mismo y su profecía.   Steinmueller plantea que hay quienes piensan que Malaquías no es un nombre propio, sino el pseudónimo o nombre simbólico de la actividad profética del profeta y autor anónimo, a quien la tradición judía y algunos padres de la iglesia como Jerónimo identifican con Esdras.   Esto se plantea por el hecho que la traducción del nombre מלאכי = Malaki encontrado en 1:1 y 3:1 se traduce como: Mi ángel o mi mensajero.   Pese a la incertidumbre de algunos en cuanto al nombre del profeta, Archer no duda que el nombre propio del profeta haya sido Malaquías.[1]   El texto afirma que la profecía fue dada a través de Malaquías.   El autor se muestra como un judío fervoroso de la Ley, quien denuncia el desorden del pueblo y la ineptitud del sacerdocio.   Señala la ignorancia y la avaricia del sacerdocio, quienes permiten el abuso en el culto, así mismo censura a quienes repudian a sus esposas para contraer matrimonio con las extranjeras.   El profeta condena a quienes incumplen con el diezmo pues han defraudado al Señor.   Reprocha de igual modo la actitud de desesperanza y falta de fe en Dios y el cumplimiento de las promesas hechas por los profetas tras el exilio. [2]   De todo lo antes dicho, en modo alguno se pretende poner en duda la paternidad literaria del profeta en su escrito.   Solo se discute el nombre del autor, no su autoridad e inspiración,

Fecha:   Aunque es imposible determinar una fecha exacta para el profeta, no obstante, en base a la trama, puede ser ubicado luego del exilio.   La evidencia interna nos indica que el Templo estaba ya reconstruido.   A modo de ejemplo revise Malaquías 1:7,10; 3:1  donde se menciona el altar y el Templo, lo cual implica su existencia para ese momento.   Según Esdras 6:14,15 la trama podríamos ubicarla después del 515[3] a.C., fecha en que finaliza la reconstrucción del Templo, lo cual también coincide con el sexto año del reinado del rey Darío.[4]   De igual modo, tomando en cuenta que la predicación de Malaquías coincide temáticamente con algunas de las exhortaciones de Esdras y Nehemías, esto podría indicar con mucha probabilidad que la ocasión, fecha y destinatarios eran los mismos o muy cercanos, a estos profetas, lo cual nos llevaría un poco antes del 445 a.C. o 428 a.C., como fecha más tardía y temprana.[5]    En cuanto a las coincidencias proféticas con Esdras y Nehemías note por ejemplo: Faltas en el servicio sacerdotal y del pueblo (Malquías 1:6-14 con Nehemías 13:4-9), falta en la práctica del diezmo (Malaquías 3:7-12 con Nehemías 13:10-13), matrimonios mixtos con mujeres extrajeras (Malaquías 2:10-16 con Esdras 10:1-44; Nehemías 13:23-28).

Destinatarios.   Para ese momento ya no existe reino del Norte ni reino del Sur.  Solo existe Judá como grupo tribal mayoritario, quienes fueron llevados cautivos a Babilonia por Nabucodonosor en el 587 a.C., y retornarían a Judá bajo la dirección de Zorobabel, Nehemías y Esdras.   No ocurriría lo mismo a las diez tribus de Israel.  Hemos de recordar en las lecturas de estudio del Antiguo Testamento, que el Reino del Norte fue llevado cautivo por Sargón II en el 721 a.C.   De estos cautivos es poca o nula la información que se tiene de su destino final.  Evidentemente habría quedado algún resto de la población pobre de Israel, pues la tribu de Leví sobrevive, los Benjamitas igualmente sobreviven, pues de ahí desciende Pablo; Ana la profetiza, quien servía en el Templo en tiempos del niño Jesús, se dice que era de la tribu de Aser (Lucas 2:36-38).   Había también israelitas en Egipto y otras regiones del mundo de aquel entonces.   Así que, es con toda seguridad, muchos de las 10 tribus sobrevivirían hasta el tiempo de Jesús, aunque no con la fuerza poblacional como antes del 721 a.C.   Así, entonces, los destinatarios son judíos regresados del exilio de Babilonia.   Ciro decretó el edicto de retorno en el 539 a.C.   Muchos judíos decidieron quedarse en Babilonia, pero el resto regresó en dos grupos, uno con Zorobabel y el otro con Nehemías.   Pasado algunos años del retorno, el pueblo y sus líderes cayeron  en decadencia moral, y es a ellos a quienes Malaquías reprendería a través de su escrito.      

Condición Sociopolítica de los destinatarios.   Judá, una vez destruido su primer Templo en el 587 a.C., nunca más recuperó su independencia.   Años más tarde, un nuevo imperio se levantaría contra Babilonia, Los Medos-Persas; los judíos, ahora se encontraban bajo un nuevo amo.   Cumplidos 70 años de cautiverio en Babilonia y bajo el nuevo mando de los Persas, en el 539 a.C., reciben el permiso de regresar a Jerusalén, pero siempre bajo la tutela política de los Persas.   Los judíos continuarían bajo la dirección Persa hasta el 330, para luego caer bajo la dirección de un nuevo amo, los griegos, con Alejandro Magno como su rey.   Sin embargo, sería bajo la dirección de los Persas en que se escribiría nuestro libro de Malaquías.  

Propósito y trama del Libro.   Como se ha inferido con anterioridad, el profeta se propone exhortar y corregir la decadencia espiritual del pueblo manifestado en los abusos de los sacrificios (1:6-14), así como la ineptitud y complicidad de los sacerdotes al permitir el pecado (2:1-9); los  verso ocho y nueve son muy severos contra el sacerdocio impío “…mas vosotros os habéis apartado del camino habéis hecho tropezar a muchos en la Ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos.   Por eso yo os he hecho despreciables, viles ante todo el pueblo porque no habéis guardado mis caminos y hacéis acepción de personas al aplicar la Ley” (2:8,9)   En su propósito se propone denunciar y condenar la maldad de aquellos que repudian (se divorcian) a sus esposas y se casan con extranjeras violando la ley de Jehová (2:10-16); Denuncia así mismo el descuido y pecado de aquellos que no ofrecían su diezmo, con lo cual ofendían al Señor (3:6-12).   No deja de señalar otras actitudes pecaminosas del pueblo como la hechicería, el adulterio, los que juran falsamente, los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, contra los que hacen injusticia al extranjero sin tener temor de Dios.   Contra todos ellos el profeta tiene palabras de juicio de parte del Señor, diciendo: “vendré a vosotros para juicio y testificaré sin vacilar…” (3:5).   En el mismo capítulo tres, es ineresante señalar el anuncio de la venida del Señor a su Templo y la de su precursor quien preparará el camino: “Yo envío mi mensajero para que prepare el camino delante de mí.   Y vendrá súbitamente a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis y el ángel del Pacto, a quien deseáis vosotros, ya viene”.    Estas palabras devolvería la esperanza que algunos estaban perdiendo tras la tardanza de la venida del Mesías.   El 4:5-6 vuelve a hacer referencia del mensajero, el profeta Elías antes del día grande y terrible, quien haría volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres.   Este personaje, indudablemente sería la persona de Juan el bautista, el mismo de quien hizo referencia en el 3:1.   Lo más importante de ello, es que Jesús mismo hizo referencia y aplicación de este mensajero, de ese Elías, a la persona de Juan el bautista: Mateo 11:7-14.   Jesús cita el pasaje de Malaquías y dice que Juan el bautista es ese Elías que todos esperaban.

Contexto Literario.  

Nombre del Libro.   Como se mencionó arriba, la forma hebrea del nombre es מלאכי Malakí y significa “Mi mensajero” o “mi ángel”(1:1; 3:1); es probable que esta sea una forma abreviada de Malkiyyáh = Mensajero de Jahvé[6] o ángel de Jehová.   Como se mencionó al inicio, el nombre del libro no necesariamente implique el nombre del autor, sino un pseudónimo o nombre simbólico del profeta y autor anónimo.   La base para ello se establece en la traducción de la Septuaginta, la cual traduce Malaquías 1:1 como: “por medio de su mensajero” y no como lo traduce, por ejemplo, la Reina-Valera: “Por medio de Malaquías”.   No obstante de lo que se ha planteado respecto a la incertidumbre del nombre, Archer no duda en aceptar el nombre como nombre propio del profeta[7].    Como se ha mencionado atrás, en modo alguno se pretende dudar de la paternidad literaria del autor, ni de la autoridad e inspiración del autor sobre su escrito.  Solo se discute el nombre del autor.

Género Literario.   La naturaleza del texto lo ubica dentro de la literatura profética, precisamente el texto forma parte de lo que se conoce como el grupo de los doce profetas menores.  

Tema Principal. Si el pueblo quiere que Dios derrame bendición sobre las cosechas y ser prosperados, deben entonces vivir una vida sincera y santa delante de Dios.   Ellos deben esperar al Mesías en una actitud y vocación de santidad.[8]




[1]   L. Archer, Gleason.   Reseña Crítica de una Introducción al Antiguo Testamento. Editorial Portavoz, Grand Rapids, Michigan, 1981, pág. 474.
[2]   E. Steinmueller, John.   Introducción Especial al Antiguo Testamento, Ediciones Desclée, de Brouwer, 
     Buenos Aires, Argentina, 1950, pág. 280
[3]   F.F. Bruce, Israel y las Naciones, Editorial Portavoz, 1988, Grand Rapids, Michigan, E.U., Pág. 133.   
    Bruce señala que la construcción del Templo fue terminada el 12 de Marzo del 515 a.C. 
[4]   Nota k de Esdras 6:15 en Reina-Valera Edición 95.
[5]   Comentario Bíblico San Jerónimo, Tomo II, Ediciones Cristiandad, Madrid 1971, pág. 165
[6]   Op. cit.   E. Steinmueller, John.   Pág. 165  
[7]   Op.cit.L. Archer, Gleason.   Pág. 473, 474.
[8]   Ibid. Archer, Glesson, pág. 474.

jueves, 5 de septiembre de 2013

La Predestinación: Llamado de Gracia al albedrío del hombre. Jyba

La Predestinación:  Llamado de Gracia al albedrío del hombre.
Por: Guillermo Antonio Domínguez   Jyba

La presciencia de Dios significa el conocimiento anticipado que él tiene de las cosas antes de que sucedan.   El concepto es un tanto abstracto, en tanto intervienen aspectos como tiempo y espacio y trascendencia divina, lo cual implica a su vez inmanencia en una primera etapa dentro de la mente de Dios, viendo el futuro e interviniendo en la historia de ese futuro, e inmanencia en una segunda etapa manifestada en la intervención real y existencial de Dios en la historia, el tiempo y el espacio del hombre, en el presente del hombre, de cada generación histórica, y aun en nuestro presente, ahora y ya.

Por su preconocimiento Dios sabe y permite que algunos vayan a la condenación.   Sin embargo, jamás debemos decir que Dios predestina a la condenación a algunos.   Si algunos van a la condenación, y son anunciados por el justo juicio de Dios es en virtud del preconocimiento que Dios tiene acerca de las cosas.   Dios es justo y no puede condenar a alguien que no tenga culpa, de lo contrario, iría en contra de su justa naturaleza.   Cuando alguien es condenado, no es porque Dios le haya repudiado, sino porque ha rechazado el llamado y el querer salvífico de Dios.   En la idea precedente se encuentra su gracia salvífica por el evangelio, para que aun los injustos tengan la oportunidad de ser salvos en Cristo, pues Dios quiere que todos sean salvos, no queriendo que ninguno perezca.   Más todavía, él mismo afirma: "fuérzalos a entrar", en otro momento leemos:  "Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano, siete veces?, Jesús responde:  no siete, sino hasta setenta veces siete".   En esto encontramos el anhelo de gracia derramado sobre el hombre, aun sobre el renuente, para que de algún modo, su libertad de decisión pueda ser movida a la obediencia.   Sin embargo, al final, Dios respeta y toma en cuenta el libre albedrío del hombre, actuando salvíficamente sobre los obedientes, y condenatoria y justamente sobre los desobedientes.

Así, entonces, no vemos una doble predestinación: unos predestinados para la salvación y otros predestinados para la condenación como afirma el calvinismo y el luteranismo.  
Los que son salvos reciben dicha salvación por el don de la gracia divina, a través de la cual Dios ha invitado a toda la humanidad a participar en Jesucristo, de ahí que esto sea congruente con todos los pasajes que nos hablan del llamado salvífico de Dios a toda la humanidad, mientras que, los que se condenan, se condenan por su propia voluntad o culpa.

Todos dentro del salón de clase,  en el colegio,  han sido llamados para aprobar el curso.   Sin embargo, conociendo el profesor a cada uno de sus alumnos, puede formarse una idea de quiénes en su clase lamentablemente serán reprobados y quiénes serán aprobados.   Pero esto no significa que el maestro ha determinado por cuenta propia tal reprobación o aprobación, sino que él sabe que la colocación de una calificación reprobada dependerá al final del muchacho mismo, pues está en su fuerza de voluntad el retomar la gracia y don de la enseñanza dada por la institución y el profesor, o rechazarla con su negligencia al no mantenerse fiel al llamado de estudiar.   Al final, el que reprueba, reprueba por su propia culpa y no por la determinación o voluntad arbitraria del profesor.   Algo similar acontece con el concepto de la predestinación.   La predestinación no es sino, el llamado de Dios a toda la humanidad a participar de la imagen de su Hijo y ser llamados santos y formar parte de la comunidad o pueblo de Dios.   Nadie si embargo, ha sido elegido o predestinado para condenación.   Aquellos que se condenen, se condenarán por su propia culpa al no querer acceder al don de gracia de Dios a través del llamado del Evangelio de Dios y de Jesucristo.  

La gracia de Dios, jamás, de modo alguno, inhibe la libertad del hombre (2 Cor. 6:1).   La libertad del hombre, de elegir obedecer o no a Dios, si bien, es limitada por la debilidad de la caída, sin embargo, esa libertad es ayudada por Dios a través de la fe producida por la palabra de Dios.   No es cierto que el hombre sea incapaz de aportar a su salvación (2Cor. 5:20,21; 6:1), no porque esta provenga del hombre, pues la misma proviene de la gracia de Dios, pero el hombre -una vez recibida la ayuda de Dios por su Espíritu y la acción pedagógica salvífica del Señor en su Evangelio-, puede ser salvo teniendo ahora la fuerza de voluntad necesaria a través de la fe para dar el paso de obediencia al llamado de Dios.   Así, el hombre, es responsable de su salvación, por su libre albedrío al aceptar o rechazar el don gratuito de Dios.

Como se infirió atrás, la fe misma es prueba de que en el hombre actúa el libre albedrío, siendo así responsable de su salvación, al decidir obedecer a Dios por la fe producida por la palabra, o rechazarla por cuenta propia.   La fe implica en sí misma un acto libre por parte del hombre.     

Revisar el concepto de libertad en Gálatas.


La decisión e iniciativa de la salvación, luego de ser dada por Dios, corresponde en última instancia al hombre tomarla o rechazarla:  2Cor. 5:19-20.   Este pasaje implica que la salvación no se efectúa sin los esfuerzos del hombre, ni sin la intervención de Dios, sino, por una mutua colaboración, aunque sin embargo, la iniciativa se deriva totalmente de Dios.   El hombre sólo coopera en ello.

Continuaré ampliando y mejorando el contenido.   Sinceramente su servidor.

miércoles, 24 de julio de 2013

Inspiración y Revelación Jyba

Inspiración y Revelación[1]
Por: Guillermo Antonio Domínguez   Jyba

Inspiración[2]: Es la influencia de Dios a través del Espíritu Santo sobre los hombres que de antemano él escogió, al moverlos y guiarlos a escribir su revelación de acuerdo a las circunstancias socioculturales, políticas y espirituales en las cuales ellos o sus destinatarios vivían, a fin de darles a conocer su voluntad para la salvación de la humanidad. (note explicación en página dos).

Puesto que la inspiración tiene que ver con la motivación ejercida por Dios a través del Espíritu Santo sobre aquellos hombres que de antemano él escogió, se entiende, entonces, la razón por la cual el Apóstol escribe: “...porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2Ped 1:21).  Aquí Pedro utiliza la palabra griega: φερόμενοι[3] (ferómenoi = llevados) para indicar la influencia ejercida del Espíritu Santo sobre los profetas u hombres de Dios al revelar su palabra.   El término griego tiene la significación de: llevar, traer, cargar, arrastrar, soportar, producir.   Con ello se quiso decir que se ejerció una acción (sobre natural) de empuje, arrastre y soporte sobre los escritores a través del Espíritu Santo, aunque permitiendo escribir de acuerdo a sus capacidades y propósitos propios del autor como se observa en el contexto histórico mismo de cada escrito, ubicados en un espacio-tiempo-cultural específico. Los hombres de Dios fueron sujetos pasivos (no en cuanto a que les fuera dictada la palabra, sino en cuanto a que les era recordada la sana doctrina para escribirla de acuerdo a las circunstancias presentadas); el Espíritu Santo fue el sujeto activo al llevarlos o moverlos a hablar o escribir.   La palabra griega antes mencionada es un participio presente pasivo, indicando que la acción era ejercida sobre la voluntad de los escritores para hablar o escribir el mensaje divino. Siendo así, entonces el texto diría: “Los hombres de Dios hablaron siendo llevados o movidos por el Espíritu Santo”, indicando con ello que él los motivó a escribir, llevó sus voluntades para expresar, sea de modo oral o escrito, aquello que se les estaba revelando, y los guió para que no falsearan la palabra revelada, dando así autoridad al mensaje acabado. Fue justamente lo que Jesús les infirió en Jn. 14:26 y 16:13 al decir que el Espíritu Santo:

  • les enseñaría todas las cosas,
  • les haría recordar todo lo enseñado y,
  • que los guiaría a toda la verdad.

El espíritu Santo vendría a ser el οδηγός[4] (jodegós), el guía de los discípulos, el que los guiaría a toda la verdad.   Esta palabra usada por Jesús respecto a la labor del Espíritu Santo realza la acción sobre natural de éste sobre los apóstoles en su labor escriturística.   De esta manera, lo que escribirían sería la expresión del pensamiento de Dios, dichas en palabras de hombre[5].   Con esto en mente, podemos afirmar que ser inspirado desde la perspectiva bíblica fue: ser llevado, movido y guiado por el Espíritu Santo a hablar y escribir la palabra de Dios en palabras de hombres, llevando si, el sello autoritativo del Espíritu de Dios en cuanto a unidad de mensaje se refiere.   Eso fue lo que les aconteció a los escritores bíblicos.
Por ejemplo, en el caso de Lucas, Dios motivó y guió a éste para que investigara cuidadosamente lo concerniente a la vida y obra de Jesús y escribiera en sus propias palabras lo recabado en sus investigaciones, quedando así la redacción final del Evangelio que lleva su nombre.   El mismo procedimiento seguiría al escribir el libro de Hechos.   Lucas fue testigo ocular de casi la mayor parte de las cosas que narra en su libro, y en las que no, entonces investigó y escribió.   Detrás de todo ello estaba Dios, moviéndolo a investigar, escribir y, guiándolo con su Espíritu para que no se cometieran errores[6], manteniendo así el sello de autoridad divino sobre lo escrito por su inquebrantable unidad temática y doctrinal (no contradicción).   Lo mismo ocurrió en la formación del Antiguo Testamento[7].

Los documentos del A.T. y del N.T. salieron de circunstancias particulares, sea de un individuo como de una comunidad; Dios, sin embargo, estaba al tanto de ello, siendo partícipe de su historia.   Éste inspiraba, o sea, movía la voluntad de ciertos individuos para que escribieran soluciones a las problemáticas de la comunidad de fe guiados por el E.S.   Por ejemplo, en el caso de la primera carta a los Corintios, alguien envía noticias a Pablo acerca de las cosas que estaban aconteciendo allí.   Desde la perspectiva meramente humana, podríamos decir que Pablo escribe porque los hermanos le piden ayuda, sin embargo, no es sólo así. Pablo al escribir está consiente al igual que los demás escritores, que lo que escribirá, será guiado o iluminado, inspirado –no dictado– por el Espíritu Santo, por la sabiduría de lo alto, para dar respuestas pertinentes a las necesidades espacio-tiempo-culturales y, quedando también estas respuestas como elementos divinos de aplicación permanente (1Cor. 2:6-16; 1Tes. 2:13; 2Tes. 2:15; Col. 4:16; 2Ped. 3:15-16; 1:20,21).   Estos pasajes nos demuestran el grado de conciencia que los escritores tenían respecto a la inspiración divina de sus escritos: Eran y son palabra de Dios (1Tes. 2:13).

La inspiración no debe entenderse como si Dios utilizó al hombre como su secretario a quien dictaba palabra por palabra lo que él quería decir, en ninguna manera, aunque si bien es cierto, en algunos momentos los profetas de Dios tuvieron que expresar literalmente la palabra o mensaje del Señor al decir: “Así dice el Señor: ...” (2Reyes 20:1, 5,6; Jer. 31:1 y ss.); no fue, sin embargo, la regla general.   Dios permitió que los hombres pudieran expresar su menaje en el lenguaje y estilo propios, estilos de acuerdo a la formación académica e intelectual del hagiógrafo.   Aún en nuestras biblias en castellano se diferencia el estilo y lenguaje de ciertos autores sagrados en su vocabulario y forma de decir las cosas; algunos fueron escritos con estilos muy simples, otros más elegantes; unos con vocabulario muy rico, otros con vocabularios muy limitado; un ejemplo clásico lo tenemos en Amós, quien siendo básicamente un hombre de campo, un hombre que cuidaba del ganado, utiliza un lenguaje de acuerdo a su formación y medio de vida, él mismo dice de sí: “soy boyero y recojo los higos silvestres”; “Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel”; “Oíd esta palabra, vacas de Basán, ...”.   Compárelo con Isaías y Romanos.

La inspiración es la que da autoridad a los escritos bíblicos.   Estos llevan el sello inconfundible del Espíritu Santo: su verdad, sin contradicción con ninguno de los escritos asumidos también como inspirados.   Hay otros pasajes que afirman la inspiración de las Escrituras: Mat. 22:43; Jn. 14: 25;16:13-15; 2Ped. 1:21; 2Tim. 3:16.

Otra palabra que también es usada en el Nuevo Testamento es:
Θεόπνευστος[8] (theópneustos), que al igual que la otra, es una palabra compuesta y significa: soplo de Dios, viento de Dios.
Esta es utilizada por Pablo en 2Timo 3:16 al hablar de las Escrituras inspiradas por Dios. Con ello Pablo estaba indicando la influencia sobre natural del Espíritu Santo en la acción reveladora de su Palabra. La idea es que Dios expira o exhala su Espíritu de sí, e inspira (sopla dentro) en la mente del hombre su divina revelación de acuerdo a las circunstancias en que éste y para quien éste escribe. El hombre es sujeto pasivo; Dios, es sujeto activo en tanto que ejerce su poder sobre el hombre para escribir y guiarlo a toda la verdad.

La Revelación[9].   Esta procede del latín: revelatio, que indica develar algo, descubrir, en el sentido de quitar una sábana de algo, dejándola al descubierto.   En el hebreo la palabra para revelar es: galah = estar desnudo, descubierto.   Otro concepto para definir la revelación es: phaneroo = manifestar, exponer.   Así, en el sentido de la revelación, la palabra implica el quitar algo dejándolo al descubierto.   En el Nuevo Testamento, la palabra para revelación es αποκαλυψσις, la cual detona la misma significación: develar, revelar algo.   Así, la revelación es el actuar de Dios para darse a conocer a su criatura, el ser humano.  Es el acto comunicativo a través del cual revela aquello que le place de sí, aquello que el ser humano puede entender de su creador.   Siendo así, la comunicación es inmanente, por cuanto el creador se baja al nivel de entendimiento de su criatura por puro amor.  Su actuar inmanente, en ningún momento hace dejar de ser trascendente su ser. 

  • Son los actos a través de los cuales Dios se da a conocer al hombre, actos sin los cuales, sería imposible conocer a Dios, pues el efecto no puede ser mayor que la causa; Dios es trascendente, pero se vuelve inmanente a fin que su criatura le conozca.
  • Esta revelación se ha proyectado a través de la creación, los profetas y sus escritos, y a través de su máxima revelación: la persona de nuestro Señor Jesucristo, quien al encarnarse en el vientre de María y hacerse hombre, dio a conocer al Padre, habitando en Jesús la plenitud de la Divinidad (Jn. 1:1,14; Col 2:9).
  • Dios se ha revelado a sí mismo en una dimensión dinámico-histórico-personal, tanto en el A.T. como en el N.T.   Dios no es pasivo, ni indiferente ante los problemas de su criatura caída.  Dios ha actuado de muchas maneras a favor del hombre en su miseria de caído.   Se ha insertado en la propia historia del hombre, desde el Antiguo Testamento y más personalmente en la dispensación del Nuevo Pacto a través de Jesucristo quien es la imagen misma de su sustancia.  
  • Él ha revelado su voluntad en cuanto a lo que quiere para con su pueblo y la humanidad completa: Dios quiere salvar al hombre, y dio el medio para que éste pueda ser salvado: creyendo de una manera dinámica en la persona de su Hijo Jesucristo, el único camino al Padre.

Por cuanto Cristo es la última revelación de Dios, y por cuanto él ya no está físicamente con nosotros para guiarnos, él dejó, entonces, al Espíritu Santo para que guiara y llevara a toda la verdad a los Apóstoles que él escogió y a sus discípulos, para que éstos, inspirados por el Espíritu Santo escribieran su enseñanza y aquello que Dios continuaría revelando a través del Espíritu, en tanto estos hombres –testigos oculares de Cristo– vivieran, dando a conocer su voluntad de manera escrita de una vez para siempre.   Sin embargo, una vez muertos los apóstoles y discípulos que anduvieron con Jesús, o aquellos que fueron discípulos de los apóstoles (Juan Marcos, Lucas, Santiago, Judas) luego de redactar los escritos para la Iglesia, dicha revelación e inspiración concluyó.   A partir de allí no hay más revelación ni inspiración. Todo lo que el hombre necesite saber respecto a la voluntad de Dios para la salvación del mismo hombre, se encuentra redactado en las páginas de la Biblia, especialmente las del Nuevo Testamento.

Dos tipos de revelación:
  1. Revelación natural.    Este tipo de revelación se refiere a la manera en que Dios se ha revelado a través de la naturaleza, el cosmos, el universo, su creación.   El Apóstol San Pablo al escribir a la iglesia de Roma, y disertando acerca de la culpabilidad e inexcusabilidad de los gentiles ante Dios, dice que éste se ha revelado a través de su creación.   Su eterno poder y deidad ha sido demostrado a través de las cosas hechas, por lo cual eran inexcusables (Rom. 1:18 ss). Los gentiles, pese a que no habían recibido ninguna revelación especial de Dios a través de algún profeta o escritos a diferencia de los judíos, no tenían excusa, pues la razón misma, la lógica humana, el sentido común los llevaba a pensar en la existencia indiscutible de un creador de cosas tan grandes y perfectas como la creación.   Pablo infiere lo irrazonable de pensar que las cosas hechas, la creación misma no tenga un creador[10].   Cuando Pablo discute en el areópago de Atenas con los Epicúreos y Estoicos ante los griegos, él les dice que Dios no se ha dejado sin testimonio.     También les cita
las palabras de uno de sus poetas al decir que “linaje suyo (de la Deidad) somos” (refiriéndose a ellos)[11].

  1. Revelación Especial. Esta revelación se dio de varias maneras como dice el mismo escritor a los Hebreos: “Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otros tiempo a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo,...”.    Dios se revelaba de modo especial a través de cada hombre que expresaba la frase: “y dijo Dios” o “vino palabra de Jehová”: Ex. 4:28;19:6,7; 20:1-17; 24:3; Núm. 3:16,39,51; 11:24; 13:3; Deut. 2:2,17; 5:5-22; 29:1-30:20.   El autor da a conocer que la revelación de Dios fue multiforme. El reveló su palabra, su voluntad a través de
    • los patriarcas,
    • los profetas
    • sus escritos,

1.      Su máxima y definitiva revelación: su propio Hijo Jesucristo[12].
Jesús respondió a Felipe cuando éste le pidió que le mostrara al Padre: “tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre[13] (Jn. 14:8,9).
2.      Su testimonio a través del elemento predicativo y redaccional, sea de los Apóstoles o de aquellos discípulos apostólicos movidos todos por el Espíritu Santo:
§         Jesús afirmó a sus discípulos que el Espíritu Santo, el Consolador,
1.      les enseñaría todas las cosas (Jn 14:26)
2.      les recordaría todo lo que él les había enseñado (Jn. 14:26) y,
3.      los guiaría a toda la verdad (16:13-14).

Y esto se cumplió, pues una vez que Jesús ascendió al cielo, y una vez que el Espíritu Santo descendió el día de Pentecostés, éste comenzó a recordar, enseñar y guiar[14] a los apóstoles en todo cuanto fueron enseñados por su maestro Jesús (Jn. 16:13,14) y, también les revelaba todo aquello de lo cual llegó a ser el Nuevo Testamento.    De allí que los escritos redactados por sus discípulos fueran especialmente revelados y guiados por el Espíritu Santo, y tenidos también como la última y definitiva revelación de Dios al hombre.   Por tanto, podemos hablar de las Escrituras o Santa Biblia como la verdadera y definitiva Palabra de Dios.   Esto significa que la revelación fue de carácter especial, espiritual y no natural como al revelarse Dios a través de las cosas hechas.   Esto nos indica que la revelación natural o general es limitada. No podemos, a través de la revelación natural, conocer acerca de Dios de manera profunda, como sí lo podemos hacer a través de la revelación especial, esto es, Dios mismo comunicándose de modo personal al hombre y dando a conocer su naturaleza, su forma de ser, sus atributos, su PERSONALIDAD a través de Jesucristo en quien tenemos la misma imagen de Dios, esto es, su misma naturaleza, y también a través de su Palabra escrita.

Se ha de tener cuidado con el subjetivismo religioso –surgido en Estados Unidos en 1900– que se ha venido desarrollando.   Este tipo de subjetivismo pretende recibir revelaciones de Dios de modo especial, del tipo profético o apostólico.   Las supuestas experiencias revelatorias que se ven dentro de este tipo de movimiento, sin mencionar a ninguno en particular, son alimentados por diversos factores, entre estos tenemos: manipulación psicológica y emocionalismo, adecuación del lugar de reunión, etc.  

Ha de mencionarse que las profecías, que eran básicamente un tipo de revelación especial, concluyeron una vez  terminada la redacción de los libros que la iglesia vendría a confirmar de divina inspiración por la autoridad inherente en cada escrito.   Una vez muertos los apóstoles, se cerró dicho período, la revelación había terminado.  
Algunos aplican 1Corintios 13:10[15] para justificar sus “revelaciones proféticas”, aduciendo que cuando el texto afirma: “cuando venga lo perfecto... acabará”, el texto está afirmando       –dicen– que dichas revelaciones aún no han concluido, pues lo perfecto, que es Cristo aún no ha venido.   Sin embargo, el texto no afirma semejante cosa.   Cristo no es lo perfecto[16], Cristo es el Perfecto o Aquel quien es perfecto. La construcción gramatical tanto en griego como en español referente a la palabra “perfecto” está en neutro, refiriéndose en semejante caso a una cosa y no a una persona.   Cristo no es una cosa, Cristo es una persona.   Si se hubiese referido a Cristo, entonces no se hubiese puesto el artículo neutro “lo”, en griego: τό τέλειον[17] (to téleion).   Esta es la misma palabra para referirse a una persona, pero, sin artículo neutro; note los siguientes pasajes –particularmente en el texto Griego: Ef, 4:13, Col. 1:28; Stg. 3:2.   Por tanto, el subjetivismo religioso no tiene base.    
Otros apelan al aspecto literario, afirmando que de acuerdo al contexto del capítulo 13 Pablo se refería al amor, pues, el apóstol básicamente les está diciendo que aún son una iglesia que les falta mucho por madurar para experimentar aquello perfecto que les anima a alcanzar, esto es, el amor.  Razón por la cual, en tanto no alcancen dicha perfección (madurez, amor) continuarán necesitando de los dones de revelación y lenguas, los cuales cesarán cuando alcancen su madurez[18].   Si el argumento fuese real, entonces, en muchas de nuestras iglesias–por no decir en todas– se verían dichos carismas tal cual verdaderamente los presenta el Nuevo Testamento, particularmente Hechos y la epístola a los Corintios.   Sin embargo, semejante cosa no acontece ni acontecerá, pues realmente lo perfecto (la Palabra revelada en las páginas del Nuevo Testamento) ya vino, y por tanto, tales dones no son necesarios, y cesaron a finales del primer siglo.   No estoy diciendo que Dios y su Espíritu no tengan poder, pues Dios es el mismo de ayer, hoy y siempre, pero esos carismas tuvieron y cumplieron su propósito, por lo cual cesaron.   La Biblia, la Palabra de Dios es lo Perfecto.   No hay cosa más perfecta sobre la faz de la Tierra que la Palabra de Dios revelada en la Biblia.   Los hermanos del primer siglo conocían en parte, o sea, el Antiguo Testamento, por lo cual era necesario profetizar aquello que era aplicativo a la iglesia y que no estaba escrito en el Antiguo Testamento, y predicarlo si era necesario  aún en otros idiomas.   Pablo, por ejemplo, ya estaba redactando una carta que tiempo después vendría a ser recibida y considerada como Escritura, en el mismo rango de aceptación autoritativa que los escritos del Antiguo Testamento.   Ya para finales del primer siglo, Pedro deja sentado que los Escritos de Pablo son tan Escrituras como los del Antiguo Testamento, esto es, con el mismo rango y autoridad divina de aquellos.   Lo perfecto ya lo tenemos; no necesitamos de los dones especiales o temporales para sentir la presencia de Dios con nosotros y en nosotros.  

Continuaré mejorando y ampliando el presente material, su hermano: Guillermo Domínguez.



[1] Al considerarlas, ha de tenerse en cuenta que ambas están íntimamente ligadas. No hay revelación sin inspiración. Ha de tenerse en cuenta que el mensaje revelado por Dios al profeta, una vez salido de la mano y de la boca de éste último, es mensaje inspirado por Dios.  
[2] La palabra: inspiración, que tenemos en nuestras biblias en castellano viene del latín: inspiro : in = dentro; spiro: soplar. Inspiro = soplar en, dentro, comunicar. DICCIONARIO ILUSTRADO LATINO-ESPAÑOL, ESPAÑOL-LATINO, Bajo la dirección del R.P. José María Mir. Décima Edición, 1973, Edit. SPES, BIBLIOGRAF, Barcelona. 1973.  La palabra fue utilizada por Jerónimo para traducir el término griego:  Θεόπνευστος, φερόμενοι en su traducción Vulgata Latina.   Visto así, entonces, inspiración significaría literalmente: soplar dentro; indica la acción de Dios al soplar dentro del hombre su Espíritu Santo para llevarlo y guiarlo en la labor predicativa-redaccional de su palabra, en palabras de hombre. (omnis scriptura divinitus inspirata et utilis ad docendum ad arguendum ad corrigendum ad erudiendum in iustitia ut perfectus sit homo Dei ad omne opus bonum instructus. 2Tim. 2:16,17;  2Ped. 1:21 non enim voluntate humana adlata est aliquando prophetia sed Spiritu Sancto inspirati locuti sunt sancti Dei homines).   Para entenderlo un poco mejor hay dos palabras en el idioma griego de las cuales se traduce inspiración: ferómenoi (φερόμενοι = llevados) y teópneustos (Θεόπνευστος = soplar, exhalar, viento).   La primera indica la influencia de Dios sobre los escritores para  llevarlos e impulsarlos  a redactar de acuerdo a las circunstancias presentadas.   La segunda tiene que ver con la exhalación o soplo de Dios sobre los redactores sagrados.   Esto pondría a la Biblia como la obra producida por el soplo de Dios, dándole con ello autoridad, confiabilidad e infabilidad por cuanto movida y guiada por su Espíritu.   Esto confirmaría el dicho de Jesús: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”.   Esto marca la diferencia entre lo escrito en la Biblia y lo escrito en cualquier otro documento.    Existe una tercera palabra que no necesariamente es traducida por inspiración, pero implica lo antes definido, esta es:  jodegós (οδηγός = el guía).   Con ella se indica la función del Espíritu Santo como el que guía.   Jesús en el Evangelio de Juan habla del Espíritu Santo como aquél que los guiaría a toda la verdad “…el Espíritu de verdad, él os guiará (jodegós) a toda la verdad” (Jn. 16:13).   Esto indica que todo cuanto fue escrito estuvo guiado, supervisado y permitido por el Espíritu Santo.   Por tal razón debemos confiar únicamente en la Biblia como palabra autoritativa, confiable e infalible por cuanto palabra de Dios, y digna de obedecer para vida eterna.

[3] Φερόμενοι: nominativo, plural masculino= llevar (llevados), participio presente pasivo, traer, cargar, arrastrar, soportar, producir, revise las significaciones contextuales en: Mt 14:11(x2),18; 17:17; Mc 1:32; 2:3; 4:8; 6:27,28; 7:32; 8:22; 9:17, 19,20; 11:2,7; 12:15,16; Concordancia Analítica Greco-Española del Nuevo Testamento Greco-Español, por J. Stegenga y Alfred Tuggy; Concordancia Manual y Diccionario Griego-Español del Nuevo Testamento, Por: Pedro Ortiz, V., S.J. 1997; Novum Testamentum Graece, Nestle-Aland,  editione vicesima septima revisa, 1999.

[4] οδηγός, Nominativo, singular masculino = el guía. En el Evangelio de Jn. 16: 13,14. la palabra οδηγός  está declinada de la siguiente manera: οδηγέσει: 3 persona singular, futuro de indicativo activo, indicando con ello una acción continua, lineal, o sea que, la acción del Espíritu Santo no sería de un momento, sino, de carácter constante en el recuerdo, predicación y redacción del mensaje de Dios a través de los apóstoles y otros escritores del Nuevo Testamento.  Ibid. J. Stegenga y Alfred Tuggy; Nestle-Aland, Novum Testamentum Graece, Ibid.
[5] Por ejemplo, compare algunos pasajes que componen el llamado problema sinóptico: Mt. 6:9-13 con el de Lucas 11:2-4 de la Versión Hispano Americana la cual está conforme al texto Novum Testamentum Graece Nestle-Aland:  “Y  Él les dijo: Cuando oréis, decid:“Padre, santificado sea tu nombre.   Venga tu reino.   “Danos hoy el pan nuestro de cada día.   “Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben.   Y no nos metas en tentación. ”   Al leerlo notará la grande diferencia con el texto de Mateo.   ¿Hubo equivocaciones de parte del autor sagrado? No. Antes que contradicciones, estas diferencias tienen que ver con el propósito teológico, literario e histórico del Autor. Compare otros pasajes: Mt. 5:3 con Lucas 6:20; Mt. 5:6 con Lucas 6:21; Mt. 5:11 con Lucas 6:22; Marcos 3:29 con Mt. 12:32; Marcos 4:11 con Mt. 13:11; Marcos 6:8 con Mateo 10:9,10; Mt. 10:32 con Lc. 12:8; Mt. 11:12 con Lc. 16:16; Mt. 12:28 con Lc. 11:20; Mt. 13:19 con Mr. 4:14 y Lc. 8:11. Para una explicación detallada consulte: George E. Ladd, “Crítica del Nuevo Testamento”, pp. 94-96. Realmente, el autor echó mano de su entorno para sacar sus objetivos y en base a ellos redactar su evangelio, que pese a diferenciarse de otros en algunos pasajes, más bien realzan su veracidad en cuanto a su independencia literaria, teológica e histórica.
[6] Los eruditos en griego han encontrado faltas de carácter sintáctico-gramatical, como por ejemplo: Marcos, 2 Pedro y Apocalipsis están cargados de construcciones sintácticas muy pesadas –dice Ladd–.   Algunos incrédulos, en base a ello, han querido menguar autoridad a la Biblia, aduciendo que la Biblia es un libro lleno de errores, y que no puede ser palabra de Dios con tan semejantes errores, no siendo, entonces, digna de confianza.  Sin embargo, tales errores de carácter sintácticos-gramaticales, no restan valor a las verdades expresadas en el escrito, siendo entendido semánticamente el verdadero mensaje e intención del texto.   Muchas veces los errores son de omisión o de adición. Pero en ninguna manera afecta el mensaje central del pasaje. Para una mejor explicación Véase: La Palabra de Dios, Cómo nos llegó la Biblia, por: Neil R. Lightfoot; Critica del Nuevo Testamento, por George E. Ladd, pág. 19 ; “Reseña Crítica de una Introducción Crítica al Antiguo Testamento”, por Gleason L. Archer.
[7] Dios se reveló de muchas maneras a los hombres en el A.T.   Habló de modo oral, iniciando desde Adán. Luego en la línea de comunicación tenemos a hombres como a Noé, Abraham, Isaac y Jacob, José, Moisés y luego los demás profetas. Con Moisés tenemos ya los primeros documentos que se considerarían sagrados. Éste recogería –guiado por el Espíritu Santo– toda la tradición histórica sobre el origen y caída del hombre, los portentos que Dios había hecho para sacar a su pueblo de Egipto y todo lo que aconteció en el desierto durante los cuarenta años. Para los primitivos hebreos no les fue difícil aceptar sus escritos como sagrados, pues los escribió Moisés quien había hablado cara a cara con Dios. La historia de lo narrado aún estaba fresca en sus mentes. Con el transcurso del tiempo fueron saliendo escritos de diferentes hombres, incluso, escritos que son mencionados en el A.T. pero que no tenemos más noticias sino a modo de referencia: “Libro de las batallas de Yahvé” Núm. 21:14,15; “Libro de Yacer o el justo Jos. 10:13; 2Sam. 1:18; “Historia del profeta Natán”, “Visiones del vidente Iddo” 2Crón. 9:29; “Libro de la historia de Salomón” 1Rey. 11:41; “Libro de las crónicas de los reyes de Judá” 1Rey. 15:7; “Libro de Yahvé” Is. 34:16) . Detrás de ello, siempre el Espíritu Santo iba guiando a los escritores sagrados para tomar aquellos materiales de utilidad histórico-salvífico –como se ve en la lectura de cada porción bíblica citada–, pero en el proceso, obviamente fue desechado todo aquello que no se consideró digno de confianza, razón por lo cual no se conservaron.
[8] Θεόπνευστος: Nominativo singular masculino; de Θεός = Dios  πνέω = soplar, exhalar, viento; 2Ti 3:16; Mt 7:25,27; Lc 12:55; Jn 3:8; 6:18; Hch 27:40; Ap 7:1. La palabra pnéo viene del jónico antiguo,  πλείω = llenar.   J. Stegenga y Alfred Tuggy , Ibid., Nestle-Aland, Novum Testamentum Graece, Ibid.
[9] Del griego αποκαλύψσις  = revelar, descubrir algo.
[10] Si recordamos a Aristóteles, siglos atrás ya había meditado acerca de la existencia de una causa incausada y causa de todas las causas, llegando a definir que esta causa incausada es Dios. De la misma manera Aristóteles pensó acerca del motor inmóvil y motor de todo lo móvil. Si bien, la definición y concepto que se tenía acerca de Dios aún era imperfecto, con todo, habían llegado a la afirmación de la existencia de Dios.
[11] Hch. 17:28 La RV95 Edición de estudio cita al poeta Arato en su poema “Fenómenos”, siglo III a.C. como el autor del dicho que expresa Pablo respecto al poeta de ellos.
[12] Como dije con anterioridad, si bien Jesús es la última y definitiva revelación de Dios al Hombre, no obstante, sus palabras debían perdurar para siempre, y estas fueron inmortalizadas a través de los escritos de sus discípulos acerca de la vida y enseñanzas de su maestro y Señor Jesús. Él mismo les dijo que cuando viniera el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviaría, él les enseñaría todas las cosas y les recordaría todo lo que él les había enseñado : Jn. 14:26. También en Jn 16:13 Jesús afirma que el Espíritu de Verdad, les estaría guiando a toda la verdad, indicando con ello que sus palabras y las de su Padre estarían también en la mente y los labios de sus discípulos y, por ende, en los escritos de éstos.
[13] No significa que Jesús y el Padre sean la misma persona. Son iguales en cuanto a naturaleza, poder, gloria y majestad, pero distintos en cuanto a personalidad. La persona del Padre es una, y la persona del Hijo otra, aunque consubstanciales en naturaleza. Al decir Jesús que quien lo había visto a él, también había visto al Padre, lo dice en el sentido de naturaleza, amor, actitudes, sentimientos, gloria y poder, pero no en personalidad.
[14] Es de importancia notar la confirmación que del griego se hace acerca de la palabra castellana usada en Jn 16:13 para indicar: guiar, conducir. Esta viene del verbo: οδηγέω.    Ello resalta el papel del Espíritu Santo como Guía de los escritores sagrados en su labor redactora predicativa, en lo cual también se destaca de manera tácita su personalidad. El fue el guía, el que condujo a los apóstoles a no fallar en la labor predicativa acerca de su Señor. Esto fortalece la idea de la inspiración y de la palabra usada por Pedro en 2 Ped. 1:21 φερόμενοι para indicar que ellos fueron llevados por el Espíritu Santo a hablar el mensaje de Dios.  Nótese algunos versos donde es usado οδηγέω para indicar la acción de guiar: Mt 15:14; Lc 6:39; Jn 16:13; Hch 8:31; Ap 7:17. La acción misma aplicada al Espíritu Santo como agente activo indica indiscutiblemente su personalidad. Véase también   οδηgός (guía, jefe) y sus respectivos pasajes: Mt 15:14; 23:16,24; Hch 1:16; Rom 2:19. Con todo, recuérdese que el Espíritu Santo también permitió al escritor usar sus propios recursos, sean intelectual-literarios o, histórico-circunstanciales.
[15] 1Cor. 13:10  ‘όtan de elqh to teleion, to ek merouV katarghqhsetai. Nestle-Aland, Novum Testamentum Graece, Ibid.
[16] La palabra griega para: “perfecta, perfecto, completa”, en este contexto es: τέλειον, la cual es un Nominativo, acusativo singular neutro; se aplica en Rom. 12:2; 1Cor. 13:10; Stg. 1:4,17. La misma palabra se utiliza, pero sin artículo neutro, para referirse a personas: τέλειον = acusativo singular, masculino = perfecto, perfecta, como se ve en: Ef, 4:13, Col. 1:28; Stg. 3:2, pero sin artículo neutro.
[17] Nestle-Aland, Novum Testamentum Graece, Ibid.
[18] Esto significaría que en tanto una congregación no alcance dicha perfección (madurez, amor) continuarán necesitando de los dones de revelación y lenguas, los cuales cesarán cuando alcancen su madurez.   Y por cuanto muchas congregaciones cristianas   –por no decir todas – aún no han alcanzado la perfección, la madurez,  entonces, deberían aún hablar en lenguas, profetizar o tener otro don especial mencionado en Corintios, sin embargo, no se ve a ninguna iglesia tener esos carismas, verdaderamente.   Lo que se puede ver es emocionalismo, manipulación psicológica, y charlatanería.   Dios, en cambio, demanda de nosotros los frutos del Espíritu: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre, templanza; contra tales cosas no has ley” (Gál. 5:22).